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Yolanda Igelcu Tykocinska

Fecha de la entrevista: 03/03/05
Nombre: Yolanda
Apellidos: Igelcu Tykocinska
Fecha de Nacimiento: 18-10-1944
Lugar de Nacimiento: La Habana



.............Entrevista................

Entrevista: Lourdes Albo
Cámara y fotos: Lourdes Albo
Trascripción: Lourdes Albo y Amanda Adato

Mis Orígenes

Mis padres nacieron en Polonia, vinieron a Cuba huyendo a la Segunda Guerra Mundial. Ellos eran ortodoxos, así que yo crecí en ese ambiente. Nací el 18 de octubre del 1944.
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Mi Niñez

Desde el primer grado asistí a una escuela hebrea, que se llamaba Tajkemoni, a principio de los ‘50. Era en el Vedado. Los niños que asistíamos tenían que ser de padres religiosos, porque por la mañana, lo primero que hacíamos era rezar. Había una guagua que nos recogía por la mañana, regresábamos al mediodía para el almuerzo y después nos recogía para las clases, hasta las cuatro de la tarde.

Por la mañana aprendíamos historias, Idish y hebreo, recuerdo que en Idish se hablaba de cómo Dios había creado al mundo, nos enseñaban a leer. Nos ponían un mapa y se hablaba de la situación geográfica de Israel, los mares, los países que colindaban con Israel. Por las tardes, eran las clases generales. Ahí también celebrábamos las fiestas, y otras veces se celebraban en el Patronato, el teatro estaba lleno, daba gusto hacerlo. En aquel tiempo había muchos judíos en Cuba. La escuela nuestra fue la primera cuando se inauguró el Patronato en celebrar una fiesta. Por ejemplo si era Purim se hacía en Idish, en forma de obra de teatro, se hacía un libreto en Idish, con varios personajes. Había un coreógrafo.

En una ocasión fui electa Reina Ester, para mí fue muy importante porque se elegía a la niña que más boletos vendía. Tuve la suerte de vender esos boletos. Yo conocía la historia y me gustó mucho. Nosotros íbamos a un lugar a alquilar los trajes, eso para mi era una alegría tremenda. Los padres, después que nos veían en el teatro, se ponían muy contentos y orgullosos.

En el Instituto Tajkemoni, el profesor que nos daba hebreo y Idish era el profesor Pinto. Yo recuerdo que él nos decía que en los días de Rosh Hashaná y Iom Kippur, él nos decía, que teníamos que pedir perdón y era muy gracioso, nos decía: “Si ustedes le han halado el rabo al perro, tienen que pedir perdón ese día”. Ahora me resulta gracioso.

En esa escuela, semanalmente se hacían los encendidos de las velas, lo hacíamos a eso de las cuatro de la tarde, siempre había alumnas que lo hacían, yo era una de ellas. A mi se me facilitaba mucho hablar el Idish. Me gustaba muchísimo hacer todo eso que era el pertenecer a una familia judía, a mi siempre me gustaba participar. Las festividades grandes la hacíamos en el Patronato, como Purim, Januca, y las más chiquitas como Succot, en la escuela.

Algo muy importante, esa escuela tenía un rabino permanente. Era muy agradable y bueno. Él acudía a la escuela casi a diario y en los Kabbalat Shabbat. Él hablaba cuando había fiestas y en Shabbat. En la escuela había un salón de actos, ahí se ponían las velas y el jale, una mesa larga y se preparaban las velas, estaba el rabino, el director y los profesores y la muchacha que iba a hacer el encendido de las dos velas. También se pasaba una alcancía que se llamaba el Kerem Kayemet, eso era todos los días.

En mi casa todas las fiestas tradicionales se celebraban, por ejemplo siempre en Januca se hablaba de Januca gelt, que era dinero que nos regalaban a los niños. En Pesaj mi casa hacíamos Seder. Era donde se celebraba Pesaj, con toda la familia. Recuerdo que mi papá ponía una copita para esperar al Mesías. Yo diría que era la niña religiosa de la familia. Recuerdo que mi mamá era muy celosa con todos los utensilios. Todo lo de Pesaj estaba guardado, se lavaba, se guardaba todo y , teníamos que limpiar.

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Mi Juventud

El director de ese Instituto era Pérez de apellido, nunca vi una diferencia entre hebreos y no hebreos. Cuando terminé el sexto grado, en el ’57, pasé a hacer la preparatoria a una escuela hebrea que era mixta. Había hebreos y cubanos. Se llamaba Albert Einstein, que también estaba en el Vedado. En ese tiempo de mi adolescencia, había varias asociaciones de juventud judía. Estaba la Hashomer, la Hanoar, la Macabi, eran como cinco en total; como era pequeña, tendría como nueve o diez años, había un madrit que nos venía a buscar a la casa para llevarnos a la Hashomer , había muchísimos adolescentes, creo que los que más iban eran los ashkenasitas, porque si creo que en la Hanoar habían sefaraditas. Nos reuníamos los sábados.

Se hacían excursiones que duraban cuatro, cinco días, se ponía la bandera hebrea se (refiere a la bandera de Israel) , bailes y canciones, eso lo sé porque me lo cuentan, porque mis padres eran muy rectos y no me dejaban ir tantos días, porque ellos no me podían cuidar. Yo hubiese querido ir porque se divertían muchísimo, era como un campismo. Ahí se preparaban muchachos para que en un futuro fueran a los kibbutz con vistas que emigraran jóvenes para Israel. Siempre eso relacionado con el Estado de Israel. Con mis padres hablaron, para que nos dejaran ir.

En la escuela siempre se habló como se creó el Estado de Israel, de Golda Meir. Es por eso que en las reuniones se hablaba para que los muchachos fueran a Israel, para hacer aliya. Nos dividíamos en grupos como de quince muchachos kutzas, estaban divididos en hembras y varones, pero cuando hacíamos fiesta nos mezclábamos.

Para mi cuando llegaba el sábado era tremenda alegría. Incluso mis padres nos decían: si se portan mal no van el sábado a la Hashomer, así que eso era un castigo tremendo. Nos reuníamos en Egido, en los altos, en la azotea del Centro Asturiano. Ahí una vez estuvo el Colegio (Hebreo) del Centro Israelita de Cuba.

A veces visitábamos la Hanoar que estaba en Prado, nos llevábamos bien pero cada cual defendía al grupo suyo, creía que era el mejor. El objetivo, al final, era reunir a los jóvenes, a Israel, todos ellos, de una manera u otra, era ayudar a Israel.

Mi hermano se casó en G y 21, en la United Hebrew Congregation, fue una boda muy bonita y mi hermana y yo fuimos damas de honor. Fue con baile y un bufete.

Yo me casé, la primera vez con un muchacho que no era judío. Imagínate que mi padre nunca más me habló, mi mamá si después lo hizo. Mi hijo si se hizo el Brit, así y todo mi padre no entendió, de todas formas no lo aceptó. Yo pensé que después del Brit él iba a aceptar porque yo me había casado con un buen hombre, pero no era judío. Mi mamá aceptó a medias, porque nunca olvidó que yo me casara con un goy, aunque era un buen hombre y yo estaba muy bien. Incluso cuando yo llamaba a mi casa y le pedía hablar con mi mamá, mi papá me descolgaba el teléfono y a mi hijo no le hizo gracias. Sin embargo el hijo de mi hermana para él si era importante, porque su padre era judío. Pero a mi no me afectó en nada eso. Yo considero que el niño tenía mucho cariño por parte de la familia de su papá. Si me dolió, lógico, pero no fue en mí un trauma.

Ellos se enteraron que tenía un novio no judío , por otra persona, yo no se lo dije. Era cuando estaba estudiando en el bachillerato, no me dejaban ni hablar por teléfono, me llevaban y me traían en el carro. No querían que él se convirtiera, no entendían eso, a pesar que él quería convertirse. Nos casamos cuando tenía diecisiete años. Ellos me autorizaron porque yo les dije que si no lo hacían yo me iba con él.

Mi boda fue muy sencilla, ellos no fueron, ni nadie de mi familia. Mis hermanos si me aceptaron. Mi papá si fue al Brit de mi hijo en el año ’62 en casa de una tía mía, a los ochos días de nacido. Berco se llamaba el que hacía la circuncisión, toda la familia fue, después de eso, más nunca.

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No tan Joven pero...

Yo me siento sumamente orgullosa de ser judía. En la adolescencia me enamoré de un no judío y de alguna manera me alejé bastante, además que hubo un éxodo, que este Patronato casi deja de existir. En mi casa se seguía haciendo el seder de Pesaj, pero ellos no me dejaban asistir, eso me dolía muchísimo. Cuando se fueron, con los años volví a incorporarme, me casé después con un judío. Así que me he revindicado de alguna manera, aunque mi mamá quería para mi un judío, pero un judío rico.

Quiero decirte una vez más que yo como judía me siento muy identificada donde quiera que esté, me siento siempre así.

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