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Virginia Romano Assa

Fecha de la entrevista: 15/05/2005
Nombre: Virginia
Apellidos: Romano Assa
Fecha de nacimiento: 11-05-1927
Lugar de nacimiento: Ciego de Ávila, inscripta en Santa Clara


.............Entrevista................

Entrevista: Lourdes Albo
Cámara y fotos: Stanley Falkenstein
Trascripción: Lourdes Albo y Lourdes M. Peña

Mis Orígenes

Me alegra que estén aquí y me den la oportunidad de compartir mí historia. Mi padre viene a Cuba a causa de que el Servicio Militar en Turquía era muy fuerte .Eran dos hermanos varones. Mi padre decide venir a Cuba y el otro se fue para los Estados Unidos. Pasado un año mi padre manda a buscar a mi madre para de esta forma casarse, ellos se conocían de Turquía, eran novios y primos. Ella vino en el barco La Fallete Cuando ellos vinieron ya estaba constituida la Sociedad Hebrea. Primero ellos fueron a Ciego de Ávila pero no les gustó y vinieron a Santa Clara.

Mi padre hizo de todo, era muy pobre. Ponía anuncios en los postes de la luz, cortaba madera para la panadería. No tenía trabajo fijo. Después se hizo zapatero.

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Mi Niñez

Me tuvieron a mi y cuatro hijos más que murieron. Como eran primos había que sacarle la sangre pero en aquella época todo era muy difícil, la única que se salvó fui yo. El médico le dijo que no tuvieran más hijos porque todos se les iban a morir. Nací en Ciego de Ávila pero me inscribieron aquí en Santa Clara. El 11 de mayo de 1927.

Fui mercada a una Turca, judía, que me compró para que no me muriera, ella me calzaba y me vestía. Eso fue que alguien en la religión de nosotros los judíos dijo que debía ser así. Esta señora vivía en Guanabacoa me compraba ropita, zapatos, yo iba a su casa. Era una costumbre para que no me muriera porque como todos mis hermanos se morían. Mi madre hizo ver como que me vendió. Pensamientos de esos. Yo iba de visita pero en un final estaba todo el tiempo viviendo con mis padres.

Vivíamos con una miseria espantosa aquí, pues el idioma era ”chapurreado” (hablaban con dificultades el español). Pasé mucha hambre. Mi papá me decía: “Ve a casa de la vecina que vive al frente y dile que te de un pedazo de pan para hacer las albóndigas". Era para tostármelo para que fuera a la escuela.

Alquilamos una casa con otro judío que el señor era jajam. Era en la calle Caridad entre Cuba y Colón. Si enfrente del Boulevard era la sinagoga.

Mi madre tenía una vecina al lado que le fue a lavar una ropa y ella era de color, mi mamá nunca había visto negros y le dijo: “Cuando usted me lave la ropa lávese las manos porque me las va a ensuciar" , la vecina le dijo: “No mi color de piel es así yo no me las puedo lavar” (se ríe). Nunca habían visto un negro en Turquía.

Mi mamá guardaba en la vitrina la matzá del año entero porque eso daba suerte. Todo el año lo de Pesaj, la vajilla, calderos, todo se colocaba en otro lugar pues era kasher. Nosotros celebrábamos estos días solos, no como ahora que se hace en la Comunidad. No comíamos puerco esa carne es maldecida por Dios, porque el puerco come y nunca mira para arriba y los pollos miran para arriba.

Mi padre leía sus libros, oraba y tenía la mezuzá. Todos los días en la mañana oraba. Había una cajita de Bikur Holim donde se echaba dinero todos los días. Eso se recogía para los más pobres o para casos que hacían falta. Había un señor que recogía esas cajitas. Este dinero era llevado a la sinagoga. La cajita estaba detrás de la puerta, era azul con el emblema de nosotros los judíos.

Aquí yo sólo fui cuando era Rosh Hashaná, Iom Kippur, las bodas como la de Marta Dueñas que vive en Caibarien.

No comíamos nada en Iom Kippur. Se llenaba la sinagoga de todos los hebreos de los pueblecitos. También hacíamos la Suca. Teníamos fiestas de Buena Voluntad, las personas de mejor posición regalaban ropas, zapatos y sábanas a los judíos pobres.

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Mi Juventud

Bueno yo me casé en la Habana y David mi hijo hizo su Bar Mitzvá en la sinagoga de Inquisidor en La Habana. Recuerdo que le echaban perfume y bailamos, me pegaban dinero en la frente y bailaba, era tremendo. Todo ese dinero era para los pobres.

Aquí vivíamos más separados, éramos tan pobres. Mi papá no quería que fuera criada ( sirvienta), deseaba que estudiara. Me llevó a todas las tiendas para un trabajo, pero no me aceptaron. Los polacos ( se refiere a los de origen ashkenazi) decían que ya tenían empleada y que no podían poner otra. Entonces me dijo que tenía que estudiar.

Mi mamá y mi papá se quedaron en una casita pequeña, malita. Él vendía café, refresco y esas cosas en la sinagoga a los viajantes que venían de Placetas y de otros lugares. Un hebreo que tenía cinco hijas casaderas le dijo a mi papá: “Mira Vitalio,- mi padre se llamaba Víctor pero le decían Vitalio-, yo me voy para la Habana porque aquí en Santa Clara se me van a casar con goys y yo no quiero, te voy a dejar mi negocio”. El vendía a plazo ropas. Mi papá dejó el trabajo por la noche de la sinagoga y la zapatería.

Lo llevó persona por persona y les indicó que le compraran a él que era una buena persona. Mi padre vio que eso era un buen negocio y vendió a plazo.

Esta casa era de tierra y madera, pero después el negocio le fue dando y empezó a fabricar. Mi papá era tan religioso que cuando construyó la casa mandó a hacer ese hueco que ven ahí para guardar todos los atributos religiosos y le tenía puesto como un terciopelo rojo, para que la gente no supiera, pues no le gustaba que le estuviesen preguntando.

Vendía ropa, prendas, colchones. Mi padre recibía mercancía de la Habana y después venían sus clientes o él salía a vender a plazo en Santa Clara.

Yo fui a la Habana y conocí a mi esposo. Èl también era judío, nació en Turquía. Se llamaba Isidoro Tacher. Cuando llegué a la Habana él me vio en un balcón en una casa donde estaba de visita.en la Habana Vieja .Cuando me vio preguntó: “¿Quién es esa rareza?”. Yo tenía un pelo largo, flaquita, imagínate con sólo diecisiete años. Entonces subió a casa de mis primas a conocerme. Salimos a pasear. Esa misma noche me enamoró. Yo estaba estudiando de maestra, iba para 2º año.

Él fue a pedir la mano a mi papá que le dijo: “Yo quiero que mi hija se case con un judío, pero usted tiene que esperar tres años a que mi hija termine porque hemos hecho sacrificios para que ella estudiara”.Aceptó y fue mi único novio y mi único esposo. Me casé y terminé en la Habana mi carrera. Fue una ceremonia muy bonita con el rabino, me casé en Chevet Ahim.

Yo cuando tuve más experiencia fue en la Habana pues mis suegros eran muy religiosos. Todos los viernes nos reuníamos en noche de familia. Iba a casa de mis suegros, y el sábado por la mañana íbamos a Chevet Ahim en Inquisidor. Los sábados no se tocaba candela. Mi suegra hacía la comida el viernes, el sábado comíamos la comida fría.

Encendíamos las velas los sábados. Mi suegra era del campo de Silivri en Turquía y hacía borekas, fila, gelfilte fish. Yo aprendí a cocinar todo esto, aunque no sé hacer la bulema de calabaza con azúcar y canela. La hacía de acelga con queso y cocinaba muy bien. Mi mamá nunca fue así porque ella lo que se dedicaba en Estambul era a bordar para otros. Ella bordaba precioso.

En la Habana vivíamos mi esposo, David mi hijo y yo. Cuando le hicieron el Brith Milá a David fue emocionante, fue en la Habana y al otro hijo mío, el más pequeño que ahora es médico también lo llevamos a la Habana para hacerle el Brith. Mi papá fue el padrino por eso se llama Víctor, le ponemos (los sefaraditas) el nombre de los padres o el abuelo. Si fuera hembra se hubiese llamado Sarita por mi suegra, pero como nació varón le tocó ser a mi papá el padrino. Recuerdo que se puso blanco al verlo. Eso fue en el ’65. Víctor tiene 39 años. Vino un mohel a hacérselo, Berco se llamaba.

Mi suegra también tenía un cofre grande con una caja grande donde guardaba todo. Igual que lo hacia mi mamá. Los pollos se mataban por el shojet. Íbamos a la sinagoga y hacían casitas para las festividades de las frutas.

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No tan Joven pero…

Nosotros vinimos a Caibarien porque el era vendedor ambulante en la Habana y le dieron un trabajo por el gobierno. David lloraba porque no quería venir para acá. Eso fue en el año 1960. David tenía diez años.

Nosotros siempre continuamos, celebrando Pesaj porque mi suegra me enseñó. La sinagoga aquí ya estaba cerrada. La intervinieron.

La religión de nosotros es la mejor. Mi nieto se fue para Israel y él es judío (llora) y el nieto mío veía las cosas de su padre y le gustó. Yo me casé con un judío y vieron en mi una buena judía y su padre también (se emociona al contestar y llora).

Mis hijos han seguido como yo mi religión, mi hijo David ha hecho mucho por reunir a los judíos de aquí. Los ha reunido en Iom Kippur, Rosh Hashaná , todas las actividades religiosas. Arregló el cementerio. Mi papá no quería que lo enterraran en la Habana, quería que lo enterraran aquí. Mi mamá y tres hermanos están enterrados aquí.

Lo que yo quiero es cuando me muera me entierren junto a mi mamá y mi esposo, que me pongan piedras que quiere decir que la han visitado. A nosotros los judíos nos ponen piedrecitas cuando visitan las tumbas, no flores. Aquí somos judíos de verdad, nada es ficticio. (Se emociona al pronunciar esta frase).

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