Principal
Anécdotas
Entrevistas
Galería de fotos

Susana Hazday Niego

Fecha de la entrevista: 8-8-2005
Nombre: Susana
Apellidos: Hazday Niego
Fecha de Nacimiento: 27-10-1925
Lugar de Nacimiento: Santa Clara, Las Villas



.............Entrevista................

Entrevista: Lourdes Albo
Cámara y fotos: Tatiana Santos
Trascripción: Lourdes Albo y Amanda Adato

Mis Orígenes

Mis padres nacieron en Turquía, Constantinopla. Emigraron a Cuba y constituyeron su familia aquí. Los padres de mi papá eran de un pueblecito de campo, Kirklisiá. Eran humildes, tuvieron tres hijos, dos hembras y un varón. El varón fue mi papá. Le pusieron Salvador porque mi abuela después de tener las hembras malograba a todos los demás que tuvo, hasta que llegó mi papá. Con él se esmeraron en la crianza porque las hembras en aquella época más bien eran de la casa.

Mi papá trabajaba en las fronteras con Turquía, llegó a dominar el francés, el griego, hebreo y algo de italiano. Mi abuela era muy avispada, tanto que leía el español y lo escribía aquí en Cuba. Esto no lo hacían sus hijas.

Mi abuelo paterno se llamaba Mordí Hazday Adato, que quiere decir Marcos. Mi abuela se llamaba Sultana, ellos eran primos. Hay una anécdota muy interesante de mi abuelo. En su pueblo producto de la nevada se enterró el caballo que él montaba, se perdió en el campo y se cayó, pero se recuperó aunque perdió toda su dentadura, cosa penosa porque era muy joven.

Mis abuelos maternos, que vivían en Hidernei, él se llamaba Salomón Niego, mi abuela, Ida Alfaza. Él era prestamista, llevaba una vida acomodada, tuvieron tres hembras, una murió de escarlatina cuando era muy pequeña en la Segunda Guerra Mundial. Mi abuelo perdió una mano, porque tocó una bomba infecciosa que encontró en el jardín y le infestó la mano izquierda.

Mi mamá tuvo medios hermanos producto del primer matrimonio de su papá. Todos ellos vivieron y murieron en Francia. Ella se educó en una escuela de francesas, de monjas, pero le respetaban su religión judía. Ella aprendió francés y alemán a la perfección.

Durante ese tiempo mi papá tuvo relaciones de trabajo con mi abuelo. Mi abuelo le agradó y en una de esas visitas mi papá y mi mamá se conocieron. Mi papá se prendó de mi mamá inmediatamente, tanto... que la pidió en matrimonio y así fue hasta los últimos días de su vida. Mi papá adoraba a mi mamá Ester.

Empezaron los preparativos del matrimonio y los preparativos para que se fueran por el Servicio Militar, eso fue en el año ’20. Mi abuelo les regaló los pasajes para que pudieran salir de allí. Eso fue el regalo de bodas. Así fue como pudieron ir a Francia. Estuvieron un tiempo en Francia. Ellos fueron a Francia porque mi mamá tenía unos parientes, pero querían seguir a América.

Pensaban ir a México porque unos familiares los habían invitado para ver si les gustaba México. No llegaron a ir allá. Vinieron para Cuba porque ya en ese momento tenían dos hermanas, ya estaban aquí, con sus esposos que también habían venido huyendo del Servicio Militar.

En Placetas había una comunidad pequeña. Se establecieron allí. Mi papá estuvo un poco tiempo en Placetas, ahí nació mi hermano, el mayor y de ahí pasó a Santa Clara. Él hizo lo que muchos “polacos” (en Cuba se le decía a judíos de origen ashkenazi), vendía ropa en el campo.

Subir

Mi Niñez

En Santa Clara nací yo, que fue un 27 de octubre del 1925. Ahí había más familias hebreas. Ahí nací yo y no fue de mucho agrado porque quería otro varón, se tuvo mi papá que esconder de los amigos . Pero con el tiempo se unió mucho a mí y yo a él.

Después fuimos a un pueblecito que ahora se llama Condado, pero en aquel momento se llamaba General Machado y nació mi hermana. Después fuimos a Fomento y nació mi hermano. De ahí fuimos a Cienfuegos, ahí fue donde se estableció definitivamente la familia y pudo constituir definitivamente un hogar judío, porque sus papás habían emigrado de Turquía. Tuvo negocios, siempre trabajó por cuenta propia, tuvo fábricas, fue muy emprendedor, ayudó a toda su familia que tenía en Cuba, porque no le quedó nadie fuera. Nos educó y llevó una vida muy tranquila hasta que murió en el ’80, mi mamá en el ’82.

Así que somos cuatro hermanos, gracias a Dios, todos estamos vivos aunque distantes.

El desarrollo de mi familia judía, a pesar que en Cienfuegos no hahía sinagoga, teníamos un Kal que estaba ubicado en casa de una familia judía, la de Marcos Rousso. Todas las actividades religiosas se hacían ahí. Mi papá oficiaba, él sabía hebreo y Marquitos también.

Las festividades las hacíamos también en la casa, porque teníamos a mis abuelos… no dije que mis abuelos también vinieron para Cuba. Mi abuela y yo éramos muy unidas, así que yo hacía lo mismo que ella. Me acuerdo que los sábados ella se sentaba y tenía como un collar y le daba vueltas al collar.

Cuando llegaba Pesaj, mi abuela y mi tía, que llevaban la religión a cabalidad, ellas empezaban a sacar todos los utensilios y lavar la loza de Pesaj, la hervían con cenizas. Se guardaba todo lo demás para poder celebrar los siete días de Pesaj. Mi hermano con la matzá en el hombro. Éramos muchos, nos reuníamos todos en casa de mi padre. Yo recuerdo que cuando venía Rosh Shaná nos compraban zapaticos y ropa para ese día.

Mi mamá era muy apegada a sus hijos, le decían “la gallina con los pollos”. Nos reuníamos siempre veintipico de personas. Yo tuve una niñez muy linda, muy feliz. Un hogar que se desenvolvió dentro de la religión pero con flexibilidad. Ya que yo no estaba asimilada pero frecuentaba la sociedad cubana. Dentro de las costumbres de mi casa, mi abuelita nos acostumbró a encender una lámpara de aceite los viernes esperando el Shabbat. Ella observaba el Shabbat, hasta el sábado cuando se ponía la primera estrella. Esa lamparita, ella la preparaba una mechita de algodón y duraba toda la noche, ella lo que le gustaba era encender la lámpara de aceite, las velas no duraban.

No hice mención que cuando mi abuelo y mi abuela, que fueron los últimos que emigraron de la familia, vinieron acompañados de unos baúles enormes. Nosotros le preguntábamos siempre, a ella y mi tía: "¿Qué tienen ahí?". Porque ahí había de todo. Incluso la vajilla de Pesaj la guardada ahí. Ese baúl nadie lo podía tocar, sólo mi abuela y mi tía que se quedó con él después. Tan es así, que cuando mi tía fue a morir nosotros abrimos el baúl. Mi tía, en ese baúl, tenía los regalos de cada sobrino, que ella le hacía cuando se casaban. Ahí aún quedaba una porción de vajillas, eso era asombroso. Era el baúl de las sorpresas.

Por otra parte, mi papá se establece y tiene una retacera, “La Anita”, en la calle Prado y Argüelles, la atendía mi hermana y el más chiquito también trabajó. Ahí le fue muy bien a mi papá. Pero tuvo distintos negocios, yo no sé por qué si a él le iba bien en algo, se iba para otro, inclusive llegó a tener un salón de billar. Yo lo recuerdo con mucho cariño, amor, porque fue un gran padre.

Mis padres tenían relaciones con las sociedades aquí en la Habana, en las que ellos eran socios: La Chevet Ahim y el Centro Sefaradí. De la Chevet Ahim, ellos eran socios, al igual que mi tía. Cuando llegaban las festividades se compraban los productos en la Habana, en casa de unos polacos. Recuerdo que por la esquina de Águila, eran sirios, comprábamos un dulce muy rico que se llamaba tapadas. Te estoy hablando del ’38, más o menos, cuando tenía como siete años: Así transcurrió mi niñez.

Subir

Mi Juventud

Hice mis estudios de bachiller en Ciencias en Cienfuegos, iba a la playa, hice deporte, jugaba basket y en el año ’44 vine para la Habana para estudiar en la Escuela de Farmacia, estudié del ’44 al ’48. Mi padre, que venía a la Habana, me llevaba a la Sociedad (Comunidad Hebrea). Como era una muchacha casadera, también era para ver si conocía a alguien, pero no se me presentó ningún candidato.

Yo frecuentaba las actividades de la Macabi, no fueron muy frecuentes, pero si me relacionaba. Quisiera hacer referencia a Jacobo Adato (padre de Alberto Adato), primo de mi padre. Un familiar muy querido que fue muy bueno conmigo. Tenía una hija contemporánea conmigo. Estuve casi un año viviendo en su casa cuando yo estaba estudiando. Él quería que yo fuera una compañía para su hija. También visitaba a mi prima Rosa Behar, que también viví en su casa por un tiempo.

Mi abuela también venía a la Habana pero mis recuerdos son un poco vagos. De ahí me fui para Cienfuegos y tenía una farmacia hasta el ’55 que me casé con un hombre muy bueno que asimiló mi religión, a pesar que era su familia católica. Estuve casada con él cuarenta y ocho años, hasta que falleció.

Yo le dije cuando le conocí que yo no era católica y no me podía casar por la iglesia. Él me dijo que de todas formas quería que conociera a sus padres porque él había tenido mucho tiempo una novia y no se casó. Un buen día como él era viajante les trajo un regalo a mis padres, creo que era café de las lomas. Yo le dije que entrara, se presentó y ahí empezó todo de amigos, pero después nos hicimos novios. Estuvimos dos años de novios. Después nos casamos y nos fue bien en la Habana. Cuando me casé vine para la Habana. Tuve dos hijos. No trabajé desde el ’55 hasta el ’61.

Subir

No tan Joven pero…

En el ’61 empecé a trabajar en la Universidad de la Habana como instructora y después profesora auxiliar, así que siempre fui docente de la escuela de Farmacia, y en la Escuela de Ciencias, porque simultaneaba con dos trabajos, por Salud Pública y el de la Universidad. Me quedé después como investigadora hasta el año ’89.

En el año ’62 estuve trabajando un año voluntaria hasta el ’63 que me nombraron. Ahí hicimos un trabajo muy bonito, para crear los laboratorios del país de Higiene y Epidemiología. Para mi fue muy buena la experiencia, pasé a ser jefa del laboratorio, después y preparé esos cursos, que para mi satisfacción, muchos de los que ahora ocupan cargos relevantes en esa rama pasaron por mis manos, como docente, cosa que yo disfruto mucho, la docencia. En el año ’78 fui a Alemania visitando los distintos laboratorios de higiene de los alimentos y me di cuenta que nosotros trabajamos tan bien como ellos. Ellos estaban más avanzados en cuanto a equipos, nada más. También se hizo un libro de técnicas, ahora es el folleto por el que se rigen los laboratorios diseñados por nosotros.

Mi hijo tiene el nombre de su padre, quise ponerle Francisco. Se le hizo el Brith Milá. Mi esposo lo aceptó, él era muy amigo de mis hermanos, así que todo el mundo lo quería mucho. En mi familia todos, a los siete varones de la familia, se le hicieron el Brith.

No sé si por haber tenido un hogar judío, pero el haber estado siempre rodeada por mis abuelos, mis padres, mi tía, que tenían tan arraigadas las costumbres judías, nunca pensé en otra vida. En una oportunidad, un domingo fui a la iglesia católica, unas amiguitas me invitaron, a mi me gustó, pero siempre he pensado en Dios y a partir del ’60 empecé a ir al Patronato y mis hijos fueron a la escuelita dominical.

Subir