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Rosa Behar Hasday

Fecha de la entrevista: 11-4-2005
Nombre: Rosita Brigitte
Apellidos: Behar Hasday
Fecha de Nacimiento: 19-12-1935
Lugar de Nacimiento: Lille, Francia



.............Entrevista................

Entrevista: Lourdes Albo
Cámara y fotos: Tatiana Santos
Trascripción: Lourdes Albo y Amanda Adato

Mis Orígenes

Tengo mucho que contar. Mis padres, los dos son de procedencia sefaradí mis cuatro abuelos eran de Turquía. Los dos por parte de mi papá emigraron a Cuba a principios del siglo XX, en 1906 y los de mi mamá emigraron para Francia. Por cuestiones de la vida mi papá cuando el Machadato (1925-1933) estaba estudiando medicina y cerraron la Universidad y como el tenía ese espíritu de llegar a ser médico, se embarcó en un barco hacia Francia con cinco pesos en el bolsillo porque su padre le había pagado el pasaje y así se puso a estudiar medicina. Sólo llegó al cuarto año de medicina.

En Francia, su mejor amigo que se llamaba Richard que era el hermano de mi mamá se la presentó, ahí se enamoraron. Se casaron enseguida y a los diez meses nací yo. Nací el 19 de diciembre de 1935.

Mi papá decide irse a Barcelona conmigo recién nacida y con mi mamá. Estando allá se puso a vender ropa porque la situación económica no le permitió seguir estudiando medicina y lo coge la Guerra Civil Española y decide volver a Francia, pero cuando decide volver a Francia estaba en los albores de la Segunda Guerra Mundial y decide venir a Cuba. En aquel entonces sus padres habían emigrado a Cuba, aquí estaban todos sus hermanos, ya mis abuelos habían fallecido.

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Mi Niñez

Vinimos en un barco de refugiados, todos eran judíos, había una Comunidad Judía sefaradí. Mucha gente vivía en un famoso hotel que estaba frente a la Bahía de la Habana que se llamaba Hotel Luz. Llegaban con una maletica chiquita. Recuerdo a mi mamá, con una bolsita rosada con las pocas prendas que pudo traer, porque la situación era apremiante y no pudieron traer grandes cosas. Como buena judía metió todas sus prenditas en una bolsita y siempre me acuerdo de eso.

Entonces recuerdo que en ese hotel los últimos que llegaban iban para la azotea que habían habitaciones. Mi mamá era turca pero se había criado en Francia, ella contrastaba con el resto, parecía una modelo. Era bonita, limpiaba la habitación en short, aquello era una revolución. Nos acogieron con ropas, nos regalaron cosas, buscaron trabajo. Yo nunca me olvido de esa azotea del Hotel Luz que esa habitación mi mamá la tenía inmaculada, limpia, era muy ordenada.

Recuerdo también algo muy doloroso. Cuando mi mamá empezó a perder sus familiares en la Segunda Guerra Mundial recuerdo que lloraba mucho y las otras mujeres la consolaban. Esa es una parte de mi niñez un poco triste. Después salió embarazada de mi hermano, el único que tengo, aun estábamos en el hotel que estaba frente por frente al muelle Luz, ahora hay un parque con una tarja. Pero fue muy famoso porque estaba lleno de judíos sefaraditas. Después, a medida que la situación económica iba mejorando iban bajando de piso, así que los últimos que llegaban iban a vivir a la azotea. Bajamos de piso cuando mi papá que empezó siendo agente se seguros de la American National Insurance Company llegó a ser presidente de esa Compañía a nivel nacional.

Hasta los siete años estuve ahí, después nos mudamos para Egido que era el edificio de la American Insurance Company . Aquí íbamos a la Chevet Ahim y me disfrazaba todos los años en Purim. Siempre tuvimos mucha participación en la Comunidad Judía. Primero de la Habana, después de Camagüey.

Yo me sentí judía desde que nací, mi mamá no era muy observante, mi papá si lo era, pero a pesar de la situación que habíamos tenido en Europa, se mantuvo el judaísmo, las fiestas, las tradiciones Rosh Shaná (respetamos la pronunciación), todas las celebraciones íbamos a la sociedad, lo celebrábamos con la familia.

Por ejemplo Pesaj era una celebración que se hacía en familia, no íbamos a la Comunidad como ahora que nos reunimos porque tenemos tantos familiares fuera. Pesaj era una celebración que venían todos los hermanos de mi papá y todos los primos y nos reuníamos juntos para esa celebración, cantábamos canciones de Pesaj, nos poníamos la bolsita con la matzá, como cuando los judíos salieron de Egipto, cantábamos las canciones del cabritico.

Yo me sentía judía desde que nací, era algo muy natural. Íbamos a la Chevet Ahim, fui en la primaria a la escuelita hebrea, aunque no toda la primaria, parece que a mi papá le gustaba viajar mucho en aquella época, cuando llegué a los nueve años cambió de trabajo, trabajaba en unos famosos laboratorios de López Serrano, lo hicieron represéntate de los laboratorios en Ciudad México, entonces vivimos casi dos años en Ciudad México.

La escuelita quedaba en la Habana Vieja, la profesora se llamaba Reina, esa fue una etapa muy linda, pero después fuimos al Vedado, a México. Como buena judía me pasó una cosa muy graciosa para lo demás, pero no es para mí. Estuve en casi diez escuelas de primaria, eso es terrible para un niño, para mi hermano le creó una inestabilidad, a mi me convirtió en una persona más combativa.

De México volvimos a Cuba, pero para Camagüey. Los hermanos de mi papá estaban en Camagüey. Ahí íbamos a la sinagoga que quedaba en altos, que era en la calle Pobre y recuerdo mucho a mi papá cantando con tremendo entusiasmo. Mi mamá se quedaba en la casa, ella iba a las festividades, pero papá si iba a los servicios religiosos. Mi hermano hizo su Bar Mitzvah en Camagüey. Era una Comunidad grande. Una de mis amiguitas era familia Motola que hoy en día emigraron para Estados Unidos, eran como siete hermanitas, habían acabado de llegar de Turquía.

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Mi Juventud

En el ’55 termino el bachillerato en Camagüey y como no había Universidad y yo quería estudiar medicina vine a la Habana, primero con mi mamá, nos mudamos a un apartamento porque en aquella época las señoritas no andaban solas (risas). Pero yo le dije a mi papá que yo no quería seguir así y me fui para una casa de huéspedes, primero me querían enviar a las Dominicas Francesas, yo le dije que no, que yo me había criado como judía, que cómo me iba a mandar a una casa de huéspedes de monjas. Entonces me mandaron para una casa de huéspedes que está en 27 y N y ahí estuve como cuatro años.

Ahí fue cuando empecé a frecuentar la juventud judía, los jóvenes nos reuníamos en el Patronato, aunque yo no era socia del Patronato si frecuentaba la juventud, recuerdo a Mechulam, de aquella época. Teníamos baile, comida, obras de teatro, conferencias científicas. Por ejemplo cuando era Iom Kippur, visitábamos todas las sinagogas, esto era entre los años ’56 al ’59.

Una de las vivencias más graciosas fue que estando en el Patronato, conocí a un judío norteamericano que vino por unos días a Cuba y quería casarse por poderes y mi papá me dijo que no podía casarme por poder, porque nunca se sabía quien era esa persona. Así que me dijo que cuando pudiera fuera a New York y lo conocía mejor.

Eso fue recién triunfado la Revolución, fui a la boda de su hermano. Aunque eso no llegó a nada me sirvió para conocer a New York y la Comunidad Judía de aquel tiempo. Me pasé un mes allá y regresé. Después conocí al primo del esposo de mi prima que se había casado con un mexicano de origen judío. Estuve por México con el único novio oficial que tuve antes de mi esposo. Por poco me caso también con un judío mexicano.

Había una situación que era que los padres judíos querían que sus hijos se casaran con judíos. Era un tabú, se oponían con toda la fuerza a que uno se casara con alguien que no fuera de la Comunidad Judía para preservar la tradición, la historia. Yo creo que eso influye mucho, pero si la madre es judía o creces entre judíos y quieres el judaísmo, eso no es fundamental Yo hice lo posible por casarme con un judío. Porque yo me casé y mi esposo de sentimiento es más judío que yo, va a la Comunidad al igual que mis dos hijos.

Mi esposo fue el único enamorado que tuve que nunca pensé llegar a nada serio. El era oficial de un barco, nunca quise andar con marineros, no era judío. Mis padres se iban para Israel, yo no quería porque yo quería terminar mi carrera de medicina. Pero él sabía mucho de judaísmo y por ahí me entró. Incluso un día que me vino a ver me regaló el libro "Éxodo" y me dijo: "Mira este es el libro que más me ha gustado en mi vida". Ahí me fue tocando las fibras de judía que tengo y verdaderamente me siento muy orgullosa del compañero que escogí.

Una cosa muy interesante, cuando mis padres hicieron aliya en el 1973, ellos decidieron irse del país. A mi no me dejaron, yo me quedé porque quise llegar a ser médico. No quería que me pasara como mi papá, que era un médico frustrado porque no pudo terminar la carrera. Cuando se iba me dijo que tenía que seguir estudiando porque así tendría una profesión, pero me dijo que al irse ellos de Cuba, la Comunidad Judía era una segunda familia. Nosotros los judíos tenemos una característica, discutimos mucho, pero a la hora de celebrar las fiestas, a la hora de compartir un pan, en momentos difíciles estamos juntos y desde entonces yo decidí ir más a la Comunidad. Quienes me necesitaban, te estoy hablando cuarenta años atrás, el que estaba enfermo, iba a los hospitales. Yo le decía a mi esposo: “Yo quiero en un futuro dar conferencias científicas, yo quiero hacer más por la Comunidad”.

Cuando mis niños son más grandes, que yo termino mi servicio social en el Escambray, entonces voy a los servicios religiosos. Yo si iba con mis hijos desde que eran niños a todas las celebraciones, iba a Pesaj, Rosh Hashaná, Iom Kippur, todas las fiestas yo las compartía con mis hijos y mi esposo en la Comunidad.

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No tan Joven pero…

Yo tengo más actividad a finales de los ’70 principio de los ’80 que habían más personas, entonces empecé a comunicarme más, sobre todo con el Patronato. De momento comienzan a ayudar el Joint Distribution, ya para ese entonces mis hijos están más grandes y teníamos más participación. Después teníamos lo que se llamó “el periodo especial”, fue una época muy dura, que teníamos muy pocos medicamentos por el bloqueo (se refiere a las medidas económicas impuestas por el gobierno de los Estados Unidos a Cuba), porque no teníamos suficientes relaciones con las Comunidades Judías del exterior. Y realmente empieza a surgir la idea de crear una farmacia y comenzar la distribución de medicamentos, que es una de las cosas que más me ha gustado hacer en la Comunidad. A principio de los ’90 se puede decir que es cuando tengo un papel más relevante en la Comunidad. Lo más gracioso de la historia mía es que vengo a tener más actividad después de los cincuenta años.

A principio de los ’90 se organiza la Asociación Femenina Hebrea de Cuba, que sí había sido una organización fuerte, pero había perdido su vigencia, entonces nos dimos a la tarea de organizarla. Así es como surgió la idea de reunirnos, hacer cosas de interés de las mujeres. La mujer judía tiene una posición muy fuerte en la Comunidad y en la casa, la familia, así es como surge esa reorganización.

La Farmacia Comunitaria se funda a principio de los ’90 y recuerdo que con las dos primeras cajas que recibimos nos sentamos en el comedor del Patronato, mi hija Rebeca y yo. Recuerdo que dijimos:"Qué bueno que recibimos para empezar", con las pocas muestras que recibimos porque había muchas necesidades en aquella época.

Así es como surgió la idea de la farmacia, hace doce años ya, tiene doce años de fundada. Actualmente trabajamos cuatro mujeres, han desfilado mucha gente buena. Recuerdo a Mirta, Sonia, Jacobo, gente muy buena que por razones de la vida no están ahora aquí. Pero todavía estamos gente como Lourdes, Rebeca, que es la semillita que yo he sembrado. Yo estoy muy orgullosa de mi hija Rebeca. Dios me dio la posibilidad de crear una familia muy buena. Mi hija Rebeca, como mi mamá que se llamaba Rivka, me ayuda muchísimo.

En 1994 se funda la Organización Hadassah. Fue el número treinta de los países que integraban Hadassah Internacional. En la Comunidad yo siempre quise dar conferencias científicas y quería ver cómo se podía reunir a los médicos, se lo decía a Rebeca y a mi esposo. Un buen día llegué al Patronato y me dicen que fui elegida en el exterior para ser presidenta de la Organización Médica Hadassah, en ese entonces yo no sabía de esa organización y qué quería decir Hadassah, que quiere decir Ester. Ni cómo fue que me eligieron, vino la representante de Hadassah para Latinoamérica, me dijo lo que era y como me gustó, lo acepté. Es un trabajo voluntario que se hace en Cuba, los miembros son de ambos sexos, se hacen conferencias científicas, de salud. Todos los miembros de la farmacia comunitaria son miembros de Hadassah. Atendemos a los niños de la escuelita, se hace prevención de salud, hemos dado charlas sobre el SIDA a los niños, que muchos saben más del SIDA que los propios adultos, que con unos dibujos animados se hizo ese trabajo tan bonito.

Mis hijos, se criaron dentro del judaísmo, Rebeca es licenciada en farmacia, fue más a fin con mi profesión que mi hijo, ella es una farmacéutica de mucha experiencia, actualmente es visitadora médica. Me ayuda mucho en la farmacia, en la Organización Femenina y es la vicepresidenta de Hadassah en Cuba. Me parece que tiene madera de líder, es muy buena madre, tiene dos niños preciosos que van a la escuelita hebrea.

Mis cuatro nietos están dentro de la Comunidad. Lo más importante es que la madre sepa inculcar el sentimiento de judaísmo, no tanto religioso, si no como de historia, de tradiciones, eso es lo más importante. Ahora Albertico está en preescolar, tiene un estilo muy peculiar en pintura, trabaja en la computadora.

Mi hijo Aleop es ingeniero en transportación marítima, tiene titulo de capitán también, es muy inteligente para los negocios, trabaja en el negocio marítimo. Todos van a la Comunidad Judía. Realmente he tenido mucha suerte, mi esposo además de ser capitán de la marina, es ingeniero marítimo. Yo les inculqué a mis hijos para que estudiaran, pero ellos lo hicieron sin ningún esfuerzo de mi parte.

Quisiera compartir que me gustaría mucho que la Comunidad Judía en Cuba, que es muy buena en general , tenga una cohesión mayor. Nosotros tenemos la suerte en Cuba que como la Comunidad es pequeña compartimos tanto ashkenazi como sefardí, así que no tenemos esas discusiones. La mujer tiene mucha participación sobre todo en la sinagoga que yo asisto, que es el Patronato. Pero me gustaría que en general, que estemos en armonía, que nos queramos siempre, porque esa unidad en una comunidad pequeña es lo que nos va a ser que podamos subsistir, podamos salir adelante y podamos mantener el judaísmo en Cuba.

Para mi, ser judía es algo como que significa tener la sangre roja, es parte de mi misma de mi yo interno, es parte de mi pasado, es parte de mi presente, es parte de mi futuro y me siento tan orgullosa de ser la heredera de una historia que va pasando de persona en persona, que hace que sigamos vivos en esta historia de nuestro pueblo judío.

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