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Rebeca Peison Weiner

Fecha de la entrevista: 21-3-2005
Nombre: Rebeca
Apellidos: Peison Weiner
Fecha de Nacimiento: 27-4-1944
Lugar de Nacimiento: Rodas , Las Villas



.............Entrevista................

Entrevista: Lourdes Albo y Stanley Falkenstein
Cámara y fotos: Tatiana Santos y Alan Siegelbaum
Trascripción: Lourdes Albo y Amanda Adato Amat

Mis Orígenes

Soy hija de padres inmigrantes, de Polonia, vinieron en 1935. Mi padre se llamaba Chilke Peison, según él, era una aldea llamada Mishelish, que no se veía en el mapa. Él era muy pobre y mi madre, Dora Weiner, era de Bialystock, era de una familia más acomodada. Mi padre, cuando llega a Cuba, tenía un hermano en Cuba. Cuando él se casa con mi mamá, deciden irse para Rodas, a vivir a casa del hermano y ahí junto con el hermano tiene una fábrica de zapatos, hasta que mi tío se va en los’50 para los Estados Unidos.

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Mi Niñez

Aunque yo nací aquí en la Habana, me llevaron para Rodas. Ahí estuve viviendo hasta los cuatro años. De ahí nos fuimos para Cienfuegos. Nosotros nos fuimos para Cienfuegos, ahí mi papá puso una tienda de zapatos, ropa y otros enceres. “ La Casa Gil”, en la calle D’Çlouet # 80.

En Cienfuegos estudié en un colegio metodista. Porque había muchas escuelas católicas y decidieron que para que no tuviéramos que estar en un colegio católico mejor nos ponían en un colegio metodista. Después la primaria, y después el bachillerato. Pero allí había que dar clases de religión y a nosotros, que éramos como cinco o seis niños judíos, nos daban en la biblioteca el antiguo testamento, porque mi mamá junto con las demás madres llegó a un acuerdo con el director. Así cursamos toda la primaria y la secundaria.

En Cienfuegos había una Comunidad grande, yo no estoy muy segura si era alrededor de veinte familias. Recuerdo las familias: Rousso, Adato, Levy, Mandel, Kraveca, Behar y otros. Yo vine para la Habana cuando tenía quince años. Pero había una casa que fungía como sinagoga, era alquilada. Recuerdo que era de madera, en la calle Castillo. Todos íbamos a esa sinagoga. No se acostumbraba a cerrar los negocios el sábado en Cienfuegos, pero si en todas las festividades estaban todas las familias. En Rosh Hashaná y Kippur, siempre íbamos para Santa Clara. Allí, sí había una sinagoga grande, mi papá le gustaba ir. Allí había varias familias pero yo no recuerdo. Mi mamá tenía una pariente allá y siempre íbamos para esa casa. Ella tenía una hija contemporánea conmigo, así que a mi me encantaba, porque podíamos salir y disfrutar esos días.

Pesaj siempre lo celebrábamos en Cienfuegos, recuerdo un matrimonio que no tenía hijos, que se llamaban; él, Salomón y ella, Zoila Behar. Una señora muy gruesa pero muy bonita, muy dulce. Ella siempre hacia actividades en su casa. Ponía una mesa muy grande y parece que como no tenía hijos le gustaba hacerles cosas a los niños. Nos hacía caramelos, los caramelos eran de forma de Magen David. A las ensaladas, le ponía una bandera hebrea (de Israel). Las familias tenían varios niños y todos estábamos en la misma escuela. La pasábamos muy bien.

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Mi Juventud

Cuando conocí a Alberto, fue en una fiesta de Purim y es verdad que enseguida que me vio los ojos no me los quitaba de encima. Yo estaba sentada con mis padres, mis tíos y él estaba en la mesa de enfrente, a mi nunca me ha gustado que las personas que están frente a mi me miren constantemente y él no me quitaba la vista. Me cambié con mi tía y ya no estaba frente a él. Inmediatamente cambió con una persona y ya estaba frente a mí de nuevo. No iba a estar toda la noche cambiándome, así que decidí quedarme ahí. Pero cuando se acabó la fiesta, él vino y se presentó, después otros muchachos se presentaron también. Fue el único que enseguida me pidió el teléfono y yo se lo di. De verdad me cayó bien y como no conocía a nadie porque había prácticamente llegado de Cienfuegos y quería tener amistades.

Recuerdo que en una reunión de la Macabi que fui, él no me pudo ir a recoger y entonces vino otro muchacho que se llamaba León Barouh era muy buen muchacho. En la reunión la pasamos muy bien. Y cuando ya nos tocaba irnos Alberto me quería acompañar a mi casa. ¿Qué hizo? León también quería traerme y entonces Alberto hizo que un buen amigo, León Motola, ya fallecido, encerrara en el baño a Barouh y así me pudo traer a mi casa. Se podrán imaginar lo bravo que se puso después Barouh, pero bueno esa fue la forma que encontró para traerme a mi casa.

Nos hicimos novios al poco tiempo, él era muy amable, cariñoso y romántico, todavía lo es. Después, cuando termina la medicina lo ubican en Nicaro, pero como se iba para Nicaro ya él me había pedido. Un día me dice que ya le habían dado la ubicación en Nicaro, pero que no iba a esperar todo el tiempo que durara su servicio social porque él no dejaba una novia en la Habana, me dijo que si yo me quería casar con él antes de irse para Nicaro perfecto , nos casábamos y nos íbamos, si no teníamos que dejar el noviazgo. Nos casamos y preparamos el matrimonio en tres meses. Nos conocimos en marzo y el 16 de Junio nos casamos.

Fue una boda muy bonita, en el Patronato, a las siete de la tarde. Nos fuimos para Cienfuegos de Luna de Miel. Cuando estábamos de Luna de Miel, mi mamá nos mandó un telegrama que había llegado ya la ubicación de él y que teníamos que partir al otro día. Tuvimos que recoger y salir para la Habana, para el veinte y cinco partir para Nicaro. Allí salí embarazada de Ester, mi hija, pero a los siete meses regresé para tenerla aquí en la Habana. Nació el 16 de Mayo.

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No tan Joven pero…

Después tuve un varón, Moisés, a los diez años de casada y nació un 16 de Junio, un día de los padres, igual que el día que nos casamos, así que el dieciseis es un número significativo en la vida de nosotros.

Después regresamos a la Habana y aquí estuvimos cuatro años y lo mandaron para Manzanillo en el 1970. Allí estuvimos ocho años. También había familias judías, entre ellas una de Motola, enseguida contactamos con ellos, nos reuníamos, mis padres nos mandaban periódicos de la Habana, de aquí de la comunidad y se lo llevaba para que ellos leyeran y estuvieran enterados de cosas de Israel. Siempre estuvimos en contacto, era una familia muy numerosa, creo que ya deben quedar pocos porque han hecho aliya. En la Habana continuamos aquí, siempre mantuvimos tradiciones judías.

Mi papá era muy activo en la Sinagoga Adath Israel, fue presidente en los años de los ‘60 a los ‘70, creo que fue como hasta el ’75. Él se ponía todos los días los tefillin. Yo trataba de encender las velitas todos los viernes, pero si no había velas se encendía un fósforo, un algodoncito, algo se encendía, por lo menos para que los muchachos supieran que habían tradiciones judías. También hablábamos Idish. Mi mamá y mi papá todo el tiempo me hablaban Idish; al principio de casados, Alberto no entendía, pero después sí.

Mi hija hace ocho años hizo aliya a Israel, ahora está en Miami, pero estuvo cinco años allá. Mi hijo hace diez años que se fue a la Argentina, estudió en los Lubavitch, estudió en la sheshiva de Buenos Aires. Está trabajando allá, se casó con una argentina, tiene un niño y nosotros estamos contentos de haber mantenido esa tradición durante todo esos años, creo que mientras vivamos tenemos que seguir manteniendo esa tradición.

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