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Moisés Baly Baly

Fecha de la entrevista: 22-12-2005
Nombre: Moisés Jaime
Apellidos: Baly Baly
Fecha de Nacimiento: 13-8-1930
Lugar de Nacimiento: Ciego de Ávila



.............Entrevista................

Entrevista: Lourdes Albo
Cámara y fotos: Tatiana Santos
Trascripción: Lourdes Albo y Amanda Adato

Mis Orígenes

Mis padres son oriundos de Turquía, en un pueblecito pequeño, Silibria, donde había distintas nacionalidades, después se fueron para Estambul. Eran hijos de hermanos, mi padre era hijo de Alberto y mi madre era hija de Mario. Mi padre se quedó huérfano desde niño y mi tío Mario, que era el mayor, los crió a él junto con cuatro hermanos más porque ellos eran seis en total.

Esta situación creó un sistema familiar cuya economía no era parecida y no había mucha relación, allá en Turquía después del final de la Primera Guerra Mundial, en los años ’20. La vida interna de Turquía para los jóvenes judíos hizo que muchas familias judías emigraran. Para los años ’20 mi padre con mi tío Mario llegan a Cuba y un tiempo después, en el año ’24 llega mi abuelo Alberto con todos sus hijos. Una de ella era Eugenia, ella tenía aproximadamente catorce años. Mi padre y ella desde el primer momento se enamoraron, como eran primos no hubo una buena aceptación familiar. Mi tío Mario no le asentó el clima y emigra para México, mi padre se quedó en Cuba porque aquí estaba el amor de su vida, como la vida después demostró.

No tienen apoyo familiar, así que al cabo de los cinco años es que se pueden casar en el pueblecito de Gaspar, Ciego de Ávila. Ahí había una tiendecita familiar que él trabajaba por un salario.

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Mi Niñez

Se casan en el año 1929 el 13 de septiembre y yo nazco el 13 de septiembre de 1930. Al año siguiente, para el año ’36 vamos a Ciego de Ávila. Ahí había algunas familias judías. Alberto Maya y Eugenia Behar, que era prima de nosotros, hijo de Guershon Maya que era el rabí principal de Cuba. Ellos tenían una hija, Luisa, que posteriormente fue mi esposa.

La historia de mi madre y mi padre fue una historia de amor increíble, el vivió hasta los noventa y tres años, en el ’96. Mi madre también murió a los noventa y tres, pero en el 2003. No recuerdo ninguna dificultad entre ellos, él tenía su obsesión por cuidarla. Yo recuerdo que durante la guerra mi padre llegaba tarde, mi hermano y yo comíamos, nos acostábamos y mi mamá se quedaba esperando a mi papá para comer.

Era muy lindo los viernes por la noche, la noche del Shabbat, se preparaba la mesa se ponía un tul, se hacia el hamotsi, siempre que se podía poner un poquito de vino se traía, era un momento sagrado. Se respetaba el no tocar la candela el sábado, se dejaban las luces encendidas para no tener que encenderlas cuando cayera la tarde. Normalmente, cuando terminaba la tarde leíamos unos salmos y como no teníamos Kal era en casa de Alberto. Todavía me parece ver un reloj romano en la sala.

Mi padre y mi tío estuvieron en distintos lugares, probablemente esa fue la situación de muchos judíos, probablemente mi abuelo fuera a Ciego de Ávila porque tenía los sobrinos ahí, mire que casualidad, eso tiene que ver con el encuentro de mi madre y mi padre.

Aunque Ciego de Ávila en aquella época estaba teniendo un desarrollo importante en el área azucarera, así que las posibilidades de vender ropa, zapatos, guantes para la zafra, daba una posibilidad de vender. Ese no había sido el giro de mi abuelo, él era importador de aceite en Turquía, pero viendo lo que estaban haciendo otros hebreos que vendían en la calle, ellos en su pequeña tiendecita hicieron lo mismo, porque era rural y no era competitiva, los trabajadores agrícolas eran los que compraban.

En Gaspar era como una pequeña comunidad rural, con los pocos recursos que tenían pusieron una pequeña tienda de ropa, trabajaban mis tíos y mi abuelo. Mi padre trabajaba como empleado, como yo les dije fue ahorrando dinero.

Hay una cosa muy importante que es algo simpático que quiero decir, es que quiso como un destino de mi vida, mi abuelo era Jaime, así que mi nombre por tradición era Jaime, pero mi padre me dijo que me puso Moisés porque yo tendría que salvar vidas humanas. Hablaba mi madre, que una de las palabras que dije primero fue médico. Creo que aunque pueda parecer inducido, de todas formas yo hubiese sido médico o maestro.

Hay un hecho religioso que demuestra algunos elementos de la Fe. Ustedes saben que el día que yo supe que era judío etuvo perfectamente definido a los cuatro años. ¿Saben cómo me enteré? Fue un día de Reyes y nosotros no teníamos Reyes. Yo no tenía juguetes y los demás niños sí tenían. A mis padres no les quedó más remedio que confiar que yo no lo dijera . Me dijeron que yo era un niño muy bueno y nosotros los judios no teníamos Reyes, que a los niños los juguetes se los ponían los padres y que yo no debía decírselo a mis compañeritos. No sé si era justo o no, pero me acuerdo.

En Ciego de Ávila, algunas veces teníamos dificultades pero se lograba tener las diez personas para el minyán y entonces se celebraba todo. Me acuerdo de los Motolas y Nizzim, no me acuerdo de otros apellidos.

Hacíamos Iom Kippur, hacíamos el ayuno y como yo era chiquito tenían alguna preocupación pero yo decía que yo aguantaba. En Purim se hacía muy bonito, en casa de Alberto, en el patio se hacia una cabañita de Succot tenía dos cabañitas, lo hacíamos entre familias o individual.

En Pesaj se hacía por familias, se hacía un ritual muy bonito. Se iba explicando todo. A pesar que era una comunidad pequeña, que no contaba con sinagoga, se hacía todo y en la sala de una vivienda se constituía el Kal.

Teníamos una buena trasmisión oral de las tradiciones culturales hebreas, desgraciadamente no tuvimos posibilidades de aprender hebreo. Muchas de las cosas que decíamos en hebreo eran aprendidas de memoria, no todos los que estaban ahí sabían hebreo.

El día que cumplí los trece años me hicieron una actividad muy bonita con lostefilin, y con todo lo que estaba reglamentado. Me preparó Alberto que luego fue mi suegro.

Ciego de Ávila no era una ciudad tan conservadora como Camagüey, pero sí nos identificaban como judíos, “los moros”, le decían porque eran los que vendían la ropa ambulante. Sabíamos muy bien que pertenecíamos a esa colectividad.

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Mi Juventud

Terminé el octavo grado a los once años y después hice el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza en el año 1947, cuando tenía diecisiete años. Tuve que venir a la Habana aunque no tenía muchas posibilidades. Vine a estudiar medicina, era un guajirito que venía a estudiar a la Habana, era la única facultad de medicina que había en el país, era una carrera difícil en nuestra época, era una carrera de siete años y me sucede algo curioso, pues no había tenido tanto contacto con la Comunidad Hebrea aquí en la Habana.

Alquilamos una pequeña vivienda, con mi abuela y mi hermana, que quedaba cerca de la calle Prado donde estaba la Chevet Ahim. Yo como judío traté de acercarme. Ahí influido por lo que había estudiado de Martí y por un periodista hebreo con un gran conocimiento de Martí, Marcus Matterin, que escribía sobre la vida hebrea y sobre Martí, comienza un día a darnos una conferencia donde yo me encuentro, a partir de allí se establece una buena relación entre los dos. Lle dije que no era suficiente una charla, sino que debíamos hacer un Ciclo Martiano para que conociéramos mejor la vida martiana y parte del pensamiento martiano, anti-racista, la igualdad, como parte de la preparación democrática solidaria de nosotros, los judíos, con la sociedad. Porque como habíamos sido perseguidos, teníamos que conocer los sentimientos de las personas discriminadas y debíamos conocer mejor el país.Se dice que los judíos deben conocer bien la historia del país en que están para que se puedan integrar mejor y tener mejores condiciones de enfoque social.

Íbamos un número importante de jóvenes. Yo les dije que sería mejor desarrollar una serie de actividades que nos permitiera conocernos mejor unos a otros. En aquella época el cambio de pareja, como ahora que mi esposa que no es judía, era algo muy difícil, porque la misma sociedad te condicionaba, no había mucha aceptación a aquellos que se casaban con un no judío.

Así hicimos varias actividades y alguien me propuso para ser presidente de la Macabi, eso fue en el ’48, que coincide con la constitución del Estado de Israel. Comenzamos a hacer todo lo que la diáspora tiene que hacer para el sostenimiento del Estado. Había que mandar armas, comida, dinero. Tenía entendido que se iban comprando tierras a alguien para luego convertirlas en bosque, entonces recogíamos el dinero, no recuerdo bien, pero había un comité de recepción para la recogida de recursos para la colonización y ampliación del Estado de Israel, pero no éramos nosotros, los jóvenes de la Macabi, tengo la impresión que eso lo pasaban a las personas mayores, que eran los que estaban en contacto. De alguna manera aquella gente que se movilizó, no fue muy pública, si supimos que, desgraciadamente, fueron balas israelíes las que mataron a nuestros combatientes. Eso fue muy triste, eso durante mucho tiempo afectó a la Comunidad, sobre todo la sefaradi.

Como nosotros éramos martianos tuvimos la idea que Cuba tuviera una representación y empezamos a hacer tómbolas, loterías, de todo para recolectar dinero para comprar un lote de tierra en Israel y este se convierte en el Bosque José Martí. Después hubo el grupo de muchachos que fueron a Israel, desgraciadamente, algunos de ellos perecieron. Fue elIrgún quien organizó a estos muchachos. ¿Se imaginan que impacto fue para nosotros saber esa noticia?

En cuanto a mi, seguí estudiando y ese grupo Macabi se desencantó de las posibilidades. Entonces íbamos al kal, pero ya tuve que ir a viajante de medicina para poder continuar la carrera. Visitaba las farmacias rurales. Mi primera esposa estaba estudiando farmacia aquí también, ella vivió en casa de huésped y en la casa con nosotros, esa relación como hermanos se fue convirtiendo en otra cosa, estábamos después solos y nos enamoramos. Creo que perdimos mucho tiempo en casarnos, hasta que no terminé la carrera no nos casamos, me pasó lo mismo que mi padre.

Mi hijo Isidoro nació en el año 1957, un varón muy esperado, ella tenía una pequeña farmacia, yo trabajaba en un dispensario y en Bauta buscando medicinas conocí a los jóvenes en el sindicato.

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No tan Joven pero…

Así empiezo a trabajar, desde el principio de la Revolución, de Jefe Local de Sanidad, pasé cursos y me nombran Jefe Local de Bauta, así continué trabajando en todo, en las Campañas de Vacunación y así seguí asignado al trabajo administrativo, ya llevo cincuenta años.

Mi padre viene para la Habana, hasta el año ’68 continúan todas las tradiciones, los viernes íbamos a casa de mi padre, comíamos toda la familia juntos, se hacia Pesaj, íbamos al kal. A partir del ’68 yo estoy comprometido con toda una serie de actividades, se rompe la vida histórica y mis padres se van porque mi hermana se había ido, pero mantengo relaciones con ellos. Fui a visitarlo en el año ’93 un número importante de días antes de su fallecimiento.

Isidoro mi hijo, se queda con su abuelita, porque al morir su madre de una enfermedad de Hopkins, sus abuelitos lo siguen criando. Isidoro es el único de mis hijos que es médico, algunas veces él me acompañaba a actividades educativas y se fue formando en ese concepto.

Mis otros dos hijos están circuncidados, todos ellos saben que son judíos, mis nietos más pequeños asisten a las actividades del Patronato y mi nieta, la hija de Isidoro, es muy activa en la juventud y nos hemos mantenido así. Tengo siete nietos.

Estoy convencido que el judío es judío donde quiera que esté. Hitler mató a muchos judíos, pero les enseñó que el que nace judío, sigue siendo judío porque si se le olvida, alguien se lo recuerda.

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