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Matilde Politi Cohen

Fecha de la entrevista: 17-2-2006
Nombre: Matilde
Apellidos: Politi Cohen
Fecha de Nacimiento: 24-08-1925
Lugar de Nacimiento: La Habana



.............Entrevista................

Entrevista: Lourdes Albo
Cámara y fotos: Lourdes Albo
Trascripción: Lourdes Albo y Amanda Adato

Mis Orígenes

Mi nombre es Matilde Politi Cohen. Nací en la Habana en Agosto 24 de 1925. Soy hija de Salvador y Ester, vinieron de Turquía, nacieron y se casaron en Estambul. Vinieron a la Habana en 1914, huyendo a la Primera Guerra Mundial. Mi padre trajo algún dinero y prendas. Al poco tiempo puso un almacén de tejidos en la calle Muralla. Después, cuando estaba mayor, la vendió y se dedicó a vivir del dinero que tenía en el banco hasta que falleció. Mi madre, ama de casa, murió en el año ’40.
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Mi Niñez

Estudié en una escuela primaria privada y después estudié en la Escuela Estrada Palma, era una academia donde estudié secretariado bilingüe y psicología.

Mi mamá y mi papá iban al Kal que estaba en la Habana Vieja, Chevet Ahim, hacíamos los rezos. Cuando íbamos para la casa, hacíamos las oraciones. Cuando iba a la sinagoga y hasta ahora hago los rezos en ladino y en hebreo.

Tengo algunos recuerdos de algunas celebraciones como Pesaj, Succot, Rosh Hashaná, Kippur, yo hacía los ayunos de niña, en mi casa no querían pero yo lo hacía porque me gustaba imitar a los mayores.

En casa de mis padres siempre se celebraban las fiestas hebreas y una de las que más me gustaba era Pesaj, mamá hacía comidas sabrosas, pasábamos el día junto a toda la familia, mis hermanas y mi hermano. Cantábamos algunas canciones como por ejemplo esta que voy a cantar (canta un pedacito del himno Hatikva) no puedo seguir, me emociono mucho. Los preparativos de Pesaj eran muy bonitos, papá se lavaba las manos y cantábamos.

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Mi Juventud

Recuerdo que yo fui Macabi, desfilábamos por el Capitolio, en distintas fechas. Recuerdo que el traje de la Macabi era una sayita plisada con un pullover blanco que al frente tenía un rótulo que decía Macabi. Recuerdo que íbamos como a un campismo donde cantábamos y hacíamos fogatas, como te dije que desfilábamos cuando había fiestas nacionales y hebreas.

Recuerdo que en la Chevet Ahim, que estaba en Prado, hacíamos fiestas. Ahí conocí a Alberto Benhaim, recién fallecido en Israel, a Salomón Mitrani Ernecave, Clara Maya, Virginia Levy, Isaac Mitrani y a otros más. Esto me ayudó mucho porque perdí a mi madre. Al perder a mi madre sentí mucha tristeza, tuve muchas incomprensiones por parte de mis hermanos y padre que no querían que yo tuviera amistades que no fueran hebreos.

Cuando terminé mis estudios, mi familia no quería que trabajara, pero yo quería independizarme. Empecé a trabajar en “La Elegante”, de la calle Neptuno, que era de un hebreo, después en una joyería en la calle Obispo, el dueño era Aaron Grabosky, un gran hombre.

Al pasar conocí a un joven que llenó toda mi vida, pero no era hebreo, era cubano, pero además yo no lo sabía, pero abrazó el comunismo. Al principio yo no quería nada con él, hasta le hice una carta terminando con él, al pasar los años conocí a un muchacho, Nissin Kaufman, era yidisim (se refiere a los judíos de origen ashkenazim) , nos hicimos novios pero no pudimos llegar a nada. Después tuve otro novio pero tampoco. Pasó el tiempo y volví a ver al "cristianico" como le decía mi familia, y ese fue con el que me casé. Como es lógico, mi familia se opuso, a tal extremo que me sacaron una visa para mandarme a Estados Unidos, a casa de unas tías. Yo rehusé irme.

Mi padre apenas me hablaba. Mi hermana, que era más consecuente, me aconsejaba que aquello no me convenía, pero ya yo estaba enamorada y el amor hace milagros. Por fin decidí irme con él, me fui a casa de su mamá y ahí estuve hasta que nos casamos y teníamos nuestro apartamento en Santo Suárez, pasé trabajo, pero nunca me abandonó, tuve dos hijos, Ester y Eduardo. Vivimos cincuenta y siete años juntos, hace un año que falleció.

Al casarme con mi esposo, yo invité a mi familia a la boda pero no fue nadie, algunas amistades nada más, de él y mía. A los dos años de casada quedé en estado de mi hija Estercita y a los tres meses de estado nos botaron a mi esposo y a mi, pasamos mucho trabajo, pero... Gracias a Dios aquí estoy.

Ahí, en Santo Suárez nació mi hija, siempre yo quise una niña, le puse Ester en nombre de mi mamá, que era una mujer muy buena y que yo quise tanto. Cuando ella nació, mi padre un día que fui a enseñársela, que la niña tenia unos meses de nacida, me dijo que su hija había muerto (se emociona y llora) y que él no tenía ni hija, ni nieta. Esto, como es lógico, me hizo daño y me sigue haciendo. Pero yo lo perdoné porque sé que no lo hizo por malo, lo hizo porque pensaba que yo no iba a ser feliz con un cristiano.

Pasó alrededor de unos meses, ya mi hija caminaba y hablaba cantidad. Un día, en casa de mi hermana, la que yo fui a vivir cuando mi mamá murió, mi papá estaba leyendo un periódico en la sala y mi hija se me acercó (llora) y me dijo:“¿Mami, quién es ese viejito que está en la sala? Yo le dije: “Mi vida, ese es tu abuelito”. Me dijo: “Mami, yo quiero darle un besito”.Yo le dije: “Bueno, mi vida ve y dáselo.”... Le dijo: "Abuelito, abuelito yo te quiero dar un besito.”

Él en el momento no reaccionó, la miró y se quedó mirando hacia el suelo. La niña volvió a insistir: “Abuelito, abuelito, yo quiero darte un besito.” Entonces él la cogió, la cargó y le dio un beso, a partir de ahí me perdonó y fue a mi casa y siempre le traía cositas a la niña hasta que murió en el año 1959.

Mi hija Estercita, cuando tenía cinco años, el director de la escuela que estaba en Miramar, Albert Einstein, me dijo que por qué yo no la ponía en la escuela para que mi hija aprendiera hebreo, yidish, español. Yo le conté de todo lo que yo había pasado para poderme casar con mi esposo. Ellos me dijeron que me olvidara de eso, que no sufriera más, que ya esa era otra época, no había esa forma de ver la vida.

A partir de eso que cuento, mi hija Estercita estuvo estudiando en la escuela Albert Einstein, en calle 3ra # 1001, pero era una escuela que por razones económicas, puesto que a mi esposo y a mi nos botaron del trabajo por abrazar el comunismo, no pude seguir pagando la escuela. Tengo una foto donde mi hija salió Dama de Honor de la Reina Ester. El director era David, pero el apellido no lo recuerdo, era una escuela muy buena porque enseñaban inglés, francés, yidish y español.

Mi hija Estercita me quiere mucho, ella se siente judía igual que yo, pero ni a mi hijo, ni a mi hija yo les he inculcado el judaísmo. Siempre dejé que fueran como ellos quisieran ser, puesto que a mi me lo hicieron llevar en una forma que no fue la mejor.

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No tan Joven pero…

Después del 1959 estuvimos viendo tres años en Polonia, allí conocí a un estudiante cubano de origen judío, Rafael Botton, primo de Elda Sevy. Se hizo muy amigo de mi hija, cuando regresamos, él que vive en Villa Clara, siguió la amistad con nosotros hasta nuestros días. Por él conocí a Elda quien me dijo que por qué yo no iba a la sinagoga, en aquel momento no quise profundizar en mi pasado, porque esas son cosas que siempre entristecen y yo siempre he querido darle de lado.

Al pasar el tiempo hubo una encuesta y Elda me inscribió porque querían saber las familias hebreas que había en Cuba. Después Fanny Politi, prima mía, que es hija de un primo mío que no la reconoció, ella vino de México aunque antes vivía en Cuba. Vino trabajando con Sartier ( Fundación Sartier que ayuda a la Comunidad Judía de Cuba). Fue a la sinagoga y le preguntó a Levy, el presidente del Centro Sefaradí, que si conocía alguna familia de apellido Politi. Me llamaron y nos vimos, le dije que le podía decir algo de su papá. Recuerdo que a partir de ahí ella quiso que yo fuera a la colonia hebrea y me dijo que nadie me iba a repudiar porque no era igual que antes. Empecé a ir a la sinagoga, al principio sólo los días que me avisaban, después por no tener transporte no iba, así hasta que me dijeron que había una guagüita (omnibus), que me podían recoger para asistir a los rezos. Así que alrededor de cuatro años voy viernes y sábados.

He sido una persona con una mente muy amplia, nunca, nunca negué mi tradición, en Cuba como en muchas partes del mundo había el antisemitismo. Cuando era yo una niña de quinto grado mi maestra era una española fascista, esa escuela era mixta, privada. Había varias niñas y niños hebreos. Un día ella preguntó ¿qué niño ahí era de origen hebreo? todos los niños, que sabían como era, no levantaron la mano y yo que siempre he sido una rebelde levanté la mano. Me llamó y me mandó para la Dirección, que en mis tiempos era un lugar que mandaban a los muchachos cuando se portaban mal o no cumplían las tareas, o faltaban el respeto.

Cuando la directora de la escuela me vio, me preguntó que por qué yo estaba ahí, le expliqué y me dijo que estaba muy equivocada la señorita y que iba a verla. Cuando habló con la profesora, a partir de ahí nunca me pudo ver. Por suerte terminé bien el 5to grado. Cuento esto porque siempre he dicho que soy de padre y madre judía, nunca he renegado de mis orígenes, incluso tengo la militancia del Partido Comunista, pero consta en mi biografía que soy hija de hebreos y que me siento cubana, hebrea y comunista.

Siempre me he sentido judía. En todo momento he dicho que soy cubana, comunista y hebrea o sea judía. Mis hijos son buenos, honrados, estudiosos, y tienen nivel universitario, pero ninguno de los dos va a la sinagoga.

Cuando mi esposo fue a pedirme y le negaron la entrada, él me dijo que él estaba dispuesto a hacerse hebreo, pero mi familia nunca lo aceptó. Él no se opuso a que le pusieran a mi hija el nombre de mi madre. Nunca me prohibió que fuera a la Colonia Hebrea y estos últimos años que yo he tenido amistades hebreas, él iba muchas veces. Otras veces, que yo no quería dejarlo solo porque estábamos viejos, me decía que fuera porque eso era lo mío, que él no quería apartarme de lo que yo sentía como hebrea. Eso fue hasta que él murió.

Ahora voy todas las veces que puedo ir y me vienen a buscar. Creo que hasta que falte voy a seguir yendo.

No he querido hablar en estos días con mi hija de esto por no entristecerla, pero ya yo hace algún tiempo tuve con ella esta conversación, pero quiero volverla a recordar. Yo quisiera, por estar mi mamá, mi papá y mi hermano enterrados en el cementerio hebreo, que cuando yo me muera me entierren ahí.Ya tengo ochenta años y no es que sea pesimista y que esté pensando en morir. Yo quiero vivir mucho y con salud, pero bueno es la ley de la vida.

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