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José Miller Fredman

Fecha de la entrevista: 2-5-2005
Nombre: José
Apellidos: Miller Fredman
Fecha de nacimiento: 1-8-1925
Lugar de nacimiento: Yaguajay, antigua Provincia de la Villas


.............Entrevista................

Entrevista: Lourdes Albo
Cámara y fotos: Lourdes M. Peña
Trascripción: Lourdes Albo y Lourdes M. Peña

Mis Orígenes

Soy el hijo mayor de dos judíos que emigraron a Cuba a mediados de la década de los ‘20. Mi padre llegó a Cuba con veinte y dos años procedente del pueblo de Kedainia, en Lituania. Mi madre llegó con diecinueve años procedente de Pinsk, en Polonia. Llegaron a Cuba solteros. Aquí se conocieron y se casaron.

Sé poco de la vida de mi padre en Europa, en Lituania, pero un poco más de la familia y de la vida de mi madre en Pinsk, sencilla y llanamente porque a mi mamá le gustaba contar, hablar de su familia, hablar de sus relaciones con sus medios hermanos, porque ella perdió a su mamá cuando tenía cinco años y creció al lado de su madrastra, de quien ella siempre se refería en muy buenos términos, de lo buena que era y había sido con ella porque era la menor del primer matrimonio de mi abuelo, era la más chiquita. Además mantenía una correspondencia bastante regular con su familia en Europa.

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Mi Niñez

Yo quiero decir esto porque es importante decirlo. Aunque nací en Cuba y nunca había salido de Cuba tenía conocimiento de esa familia de mi madre por fotografías, por lo que ella contaba, por el cariño y la forma en que ella decía las cosas que tal parecía como que estuvieran viviendo también en Cuba. Ella también trajo muchas cosas de allá de Europa, trajo un colchón de plumas, almohadas de plumas, un samovar, trajo cosas.

Yo crecí en ese ambiente, vinculado a los recuerdos, a los recuerdos del hogar y de la familia donde se había criado mi madre, contaba muchas cosas, es decir, las veces que fueron agredidos por pogrom y todas esas cosas, mi abuelo fue víctima de un pogrom. Todo eso me fue trasmitido por mi madre y crecí con conocimiento de eso.

Bueno, como había dicho anteriormente, ellos llegaron solteros, se conocieron aquí en La Habana y se casaron aquí en La Habana. Porque mi madre vino con su madrastra y sus medios hermanos, sus medios hermanos que venían también con el propósito de irse a los Estados Unidos, como muchos judíos que llegaban en aquella época, arribaron a Cuba y estuvieron en Cuba temporalmente esperando el momento de entrar en los Estados Unidos.

Pero ella tenía aquí una hermana mayor, que ya estaba en Cuba y se había asentado en el pueblo de Yaguajay, al norte de la provincia que entonces era Santa Clara. En su barco vinieron otros judíos que también se quedaron en Cuba y se asentaron en otros lugares. Cercano al pueblo de Yaguajay había un barrio que se llamaba Meneses y dos amigos de ellos, Jay Feldman e Isidoro Crasin, se asociaron y pusieron un comercio en Meneses. Luego, ellos tratando de estar cerca de alguien, se asentaron en Yaguajay a unos pocos kilómetros de Meneses.

Lógicamente, cuando mi padre y mi madre se casan se van a Yaguajay, donde ya vivía mi tía y allí también se establecieron en ese pueblo de Yaguajay, que fue donde yo nací.

Mi papá se llamaba Yona Miller. Mamá se llamaba Jashe Fredman, en Cuba se usa independientemente el apellido de soltera, ella era Ferdman. Entonces yo adopto los dos apellidos: el de Miller, de mi padre y Ferdman, de mi madre. Pero invirtieron una letra y en mi inscripción de nacimiento tiene la R antes que la E y yo soy Fredman, José Miller Fredman, pero en realidad yo debía ser Ferdman, si lo hubieran escrito bien.

Vivíamos allí tres familias judías: dos familias de origen ashkenazi y una familia sefaradí. Suelo recordar, tengo recuerdos de cuando mi hermano nació. Yo tenía cinco años y recuerdo la fiesta cuando se hizo el Brit Milá de mi hermano menor, de David, en aquel pueblo. Cuando se fue a hacer el mío, mi padre estaba para La Habana donde estaba el mohel para hacerlo, pero cuando nació mi hermano cinco años después, mi padre lo hizo, trajo al mohel a Yaguajay y aquello fue una fiesta de la cual se enteró el pueblo entero. Un pueblo que podía tener cinco o seis mil habitantes donde solamente había tres familias judías. Por supuesto, esas familias tenían buenas relaciones, es decir, se conocían, se felicitaban en la época de las fiestas y como judíos se entendían, sin ser una cosa muy íntima, pero así era.

Nunca yo tuve la oportunidad de ver que se reunieran estas tres familias para celebrar un Pesaj, o alguna otra festividad, pero sí, indudablemente, recuerdo, que por ejemplo, en mi casa no se dejó nunca, nunca se dejó de celebrar ninguna fiesta de la forma hogareña.

Recuerdo muchas veces, siendo muchacho, cómo yo llevaba a la panadería para hornear cosas que mi madre hacía, propias de las festividades, dulces y galletas, todas esas cosas. También recuerdo que otras familias hacían lo mismo e intercambiábamos, es decir, recuerdo sobre todo a las familias, la otra familia de origen ashkenazi, mandaban algunas cosas que hacían, a mi casa y mi mamá le mandaba a ellos también, intercambiábamos eso.

Las relaciones eran buenas, la otra familia sefaradí tenía otras costumbres, cosas distintas. Celebraban las fiestas pero no de la misma manera, no con las mismas cosas y que las únicas cosas en que los judíos se parecen, parece qué es cuando hay que comer matzá y esas cosas. Entonces así crecí.

Mi abuelo, mi madre me lo decía, tenía el nombre familiar, en la familia de Sojer, Sojer, así. A mí me costó trabajo saber qué quería decir, de dónde venía ese nombre, Sojer. Mi mamá me puso el nombre de mi abuelo: Sojer no es nada más que la adaptación del nombre Isahar, Isahar, o sea, en Idish ellos dicen Isashojer, y se queda Sojer, Sojer, que así era como mi madre me puso a mí, pero a la hora de llevarme al juzgado en el Registro Civil para inscribirme eso de Sojer era muy complicado para escribir por el escribano y entonces se adoptó el nombre de José y así fue como me inscribieron y soy José en mi inscripción de nacimiento. En el seno de mi familia; mis hermanos; mis tías, las que todavía viven; y mi hermana; para ellos yo sigo siendo Sojer, que era como yo me llamaba en mi casa.

Mi madre y mi padre sabían mucho de tradición oral, de cómo se hacen las cosas, ¿me entiende? Sobre todo, del punto de vista kasher, del punto de vista de encender las velas los viernes, todas esas cosas, ¿saben? Ver la historia judía, cosas de la Biblia, de la Torá, ese conocimiento no lo tenían, lo único que tenían era un libro de rezos y sus tefilin, que tenía mi padre, sus tefilin y su libro de rezos, era todo lo que sabía, pero no te podía contar mucho de historias bíblicas, ni de nada. En un colegio hebreo usted aprende todas esas cosas, aprende mucho, eso es bueno.

Pero sentirse judío, sentir lo que es vivir como judío, disfrutar la vida judía, eso no lo puede hacer si no es en la casa. La casa es la primera escuela, la mejor escuela. Porque yo no fui nunca, en Yaguajay no había un colegio judío y nadie me enseñó nada. Yo iba a la escuela pública como todos los muchachos del pueblo. Iba a esa escuela pública, pero en mi casa…en mi casa siempre mi mamá se acordaba de las fiestas, de hacer las golosinas, las comidas, todas las cosas que se hacen con motivo de las festividades hebreas. Mi padre venía todos los años aquí, en época de Pesaj, a llevar las cosas, el matzá, el vino. Se aprendía a hacer eso en casa, un Seder en casa.

Fui olvidando lo poco que yo sabía de Idish, pero siempre aprendía, porque mis padres me hablaban en Idish cuando ellos querían decirme algo que no querían que los demás supieran, pero en realidad también ellos necesitaban practicar su español para estar más relacionados con la vida cubana.

Sí recuerdo que papá no comía más nada que pollo. Pollo, porque era la forma de comprar a los campesinos pollo vivo, se sacrificaba en mi casa y eso era lo que comía mi padre. Siempre las mismas costumbres de la sopa de pollo, el pollo para poder mantenerse kasher. Aunque mi padre no era muy religioso pero en eso sí, en esas costumbres, las seguíamos igual que mi madre.

La mayoría de los judíos en Cuba se dedicaban a las actividades comerciales, nosotros teníamos una tienda, en aquella época los importadores estaban en la Habana, eran viajantes del comercio que viajaban el país entero. Se recibían muchas visitas de viajantes judíos que venían a venderle a mi padre a la tienda, eso estableció un contacto. Esos judíos podían venir de la Habana, de Remedios o de Santa Clara, donde había más familias judías y más judíos y teníamos ese tipo de amistades.

Yo recuerdo que los dirigentes de la Comunidad de Santa Clara que conocían a mi familia, habían venido al pueblo a Yaguajay. Conocieron a mi hermanita y querían que ella estuviera como candidata de Reina Esther para Purim. Ella fue una de la damas, no fue la Reina, pero si una dama.

Recuerdo que fuimos a Santa Clara para la fiesta de Purim, un baile muy alegre. Hubo baile, hubo todo. Pero nosotros no convivimos, si fuimos a Remedios o Santa Clara pero nunca hicimos vida social en la Habana. Yo hice vida social en una comunidad cuando vine a estudiar a la Habana, a través de mi tío y mi tía. Entonces sí estaba integrado a la Comunidad, tenía amigos, pero siempre estuve cercano a la comunidad.

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Mi Juventud

Cuando la Guerra Civil Española del ‘36 al ‘39, yo tenía entre once y catorce. La Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, entre el ‘39 y ‘45, yo tenía entre catorce y veinte. El pueblo de Yaguajay era un pueblo políticamente muy activo, muy activo, era un pueblo donde había mucha inmigración canaria y española, por lo tanto, la época de la Guerra Civil Española era una época donde se oía mucho hablar de eso, de Franco, de la Guerra Civil, de los Republicanos.

Detrás de eso viene la Segunda Guerra Mundial y se oye hablar mucho del fascismo, del nazi-fascismo, del franquismo, de todas esas cosas; eso te va conformando un mundo, que quizás si no hubiera sido por las características políticas que había en el pueblo, el movimiento sindical, todas esas cosas, uno ni se hubiera enterado de algo y eso me llevó a mí, por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, un jovencito de entre cartorse y veinte años, a formar parte de toda la propaganda, de toda la campaña antifascista, cosa que se vincula, indiscutiblemente, a mi identidad judía, porque si yo no fuera hijo de judíos, descendiente de judíos, no me hubiera importado tanto esas cosas de la Segunda Guerra Mundial y de los nazis y todas esas cosas. Mucho más, todavía no teníamos realmente verdadera conciencia de lo que estaba pasando en Europa y del Holocausto. Pero cuando todo eso se sabe después y sabemos que se perdió la familia de mi madre, que no se pudieron salvar, todas esas cosas que pasaron, por gente también que pudieron sobrevivir y el destino de los que no pudieron, ya eso te reafirma más.

Si me preguntas a mí, yo te digo que mi reafirmación de como judío, mi identidad judía se reafirma en esa época. De manera que cuando yo vengo a La Habana, en el año ‘45 a los veinte años a hacer mis estudios universitarios, ya tenía una conciencia plena de que yo era judío y que yo pertenecía, en cierta forma, a la Comunidad Judía ¿entiende ? Eso hace como yo y otros iguales que yo nos integráramos y tratáramos de formar una Agrupación Cultural Hebreo-Cubana, porque teníamos inquietudes, inquietudes culturales y esa agrupación jugó un papel muy importante en Cuba porque ya en la década de los ‘50, en esos años ya se había creado el Estado de Israel. ¿Y qué era lo que pretendíamos nosotros? Que los cubanos dejaran de ver a los judíos aquí como personas extranjeras, como personas separadas de la sociedad cubana, queríamos que la sociedad civil cubana conociera más, entendiera mejor la vida judía tradicional , que no tiene que ver con la vida del judío como ciudadano cubano.

No tiene nada que ver, es decir, son ciudadanos cubanos, viven como todos los cubanos, pero conserva su tradición y eso es lo que queríamos que entendieran. Es decir, la obligación que tiene el judío por educación, por transmisión, de mantener su identidad y al mismo tiempo, que nuestra Comunidad Judía entendiera, ya que nuestros padres eran inmigrantes, que entendieran el carácter y el alma nacional cubana, es decir, un entendimiento mutuo, un respeto mutuo. Pero además, es decir, una mayor comprensión entre judíos y cubanos no judíos.

Pero además se había creado el Estado de Israel, un estado totalmente nuevo, un estado judío. Donde también comenzamos las mejores relaciones culturales y diplomáticas entre el estado de Israel y Cuba.

Esa institución jugó un papel importante desde el principio de los ‘50 hasta el triunfo, hasta el año 1959. Fue muy activa y jugó un papel importante en ese aspecto. Yo estuve integrado de manera muy fuerte, muy intensa en esa actividad, como estuve integrado también al Círculo Universitario Hebreo, es decir, entendíamos que formaba parte dentro de la Comunidad Judía de un grupo juvenil que además estudiaba en la universidad. No todos los jóvenes judíos de esa época ingresaban a la universidad. Muchos seguían el camino de los padres y se incorporaban al comercio, a la vida comercial, a la vida económica del país, pero los que sí habíamos ido a la universidad, estudiamos medicina, ingeniería, u otra especialidad sí manteníamos la unidad, un acercamiento y promovíamos actividades culturales con profesores universitarios, con personalidades e intelectuales del país.

Era una época que en una gran parte de los intelectuales con pensamiento más liberal, más progresista, los judíos eran acogidos con menos reserva, con más solidaridad que en otros sectores de la intelectualidad cubana. Veían al judío como una minoría, pero digna del mayor respeto y la mayor consideración.

Los años de la Segunda Guerra Mundial, que provocó un éxodo grande de judíos de Europa hacia América, buscando refugio, huyendo del nazismo y de toda la hecatombe que se aproximaba en Europa, provocó por parte de elementos que llamamos de extrema derecha, elementos ultra conservadores, elementos que seguían viéndonos como una minoría, como una gente diferente, como judíos y no se podían quitar de encima ese prejuicio, trataban de que las leyes cubanas y el gobierno cubano no permitiera la entrada masiva de judíos refugiados.

Esa fue la causa principal, de mi punto de vista, que influyó sobre el gobierno cuando se presentó el incidente del vapor “St. Louis” que arribó a La Habana, con el propósito de dejar aquí novecientos treinta y siete refugiados, que no venían con más documentos, exceptuando veinte y dos con el permiso de entrada en este país, no como inmigrantes sino como turistas. Pensaban acogerse a su condición de refugiados y no le permitieron entrar en ese país, sólo veinte y dos que con tiempo suficiente, por razones de que tenían ya aquí familiares, ya habían tramitado visas de inmigrantes y pudieron desembarcar. El resto tuvieron que seguir, regresar a Europa porque no le permitieron tampoco entrar en los Estados Unidos y parte quedó en Inglaterra y parte fue al continente europeo.

Lógicamente, los que llegaron al continente europeo perecieron en el Holocausto. Eso es una historia imborrable, un episodio imborrable de aquellos años y que nosotros lo vivimos en Cuba y quizás por parte de la Comunidad se pudo haber hecho mucho más. Sí hubo apoyo grande de organizaciones benéficas americanas, del Joint Distribution Committee. Te conté esto porque es parte de lo que yo viví en Cuba y parte de algo muy vinculado al sentimiento de identidad judía.

Ya que estamos en eso, precisamente esos sentimientos los que me llevan a mí, que viví lo que pudiéramos decir la edad dorada de la Comunidad Judía en Cuba, la edad dorada....¿Por qué la edad dorada? Porque la Comunidad Judía en Cuba tiene dos etapas: una etapa que pudiéramos decir desde su llegada a Cuba, en la década de los ‘20, hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial y otra etapa que es después de la Guerra Mundial hasta el ‘59. La diferencia de una etapa a la otra es la condición social y económica de la Comunidad Judía. La Comunidad Judía aquí empieza en extrema pobreza, inmigrantes pobres que venían a tratar de vivir en Cuba, en un clima de más libertad y más tolerancia, pero económicamente estaban muy necesitados.

Pero con el tiempo, su perseverancia, fueron mejorando la situación económica de Cuba, es decir, durante la Segunda Guerra Mundial, pero ya en el ‘44, ‘45, ‘46, floreció y todos los que tenían alguna actividad económica, industrial, comercial, fueron favorecidos, prosperaron y al prosperar, su condición de vida, su estándar de vida, su vida social mejoró y dio lugar entonces a que esta comunidad construyera sus propiassinagogas, sus propios templos, esa es la edad dorada que dura hasta 1960 prácticamente. Yo, que había visto eso, el ascenso de la Comunidad Judía, me "chocaba" ( se utiliza para expresar desacuerdo) que durante la década de los ‘80 ya casi no quedaba una vida comunitaria en Cuba. Era muy difícil mantener y sostener la Comunidad y mantener la vida judía y la calidad de vida judía.

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No tan Joven pero…

En realidad la mayoría de la Comunidad Judía aquí era de origen polaco. Pero la mayoría, la gran mayoría, venían de Polonia. Entonces la gente se acordaba y en la escuela nos hacían bromas a nosotros acerca del Brit Milá. Porque no tenían, porque no sabían lo qué era el Brit Milá, ni qué era lo que se hacía, ni en qué consistía, ¿No?. Tengo una anécdota más no puedo contarte esta cosa, no de la forma que quisiera. Es de un jefe de estación, de la estación ferroviaria en mi pueblo, que se llamaba Miguelito, que le gustaba hacerme bromas y decirme que a mí me habían cortado el... el pene, que a mí me habían cortado el miembro, me lo habían cortado. Te cortaron esto, lo tienes chiquitico. Bueno, esas cosas, para mortificarme.

Pero bueno, pasa el tiempo, yo me gradúo, estoy trabajando en el hospital sería un hombre de unos 50 años, algo así y un día se me aparece Miguelito al hospital, ya un hombre, ya así, viejo, de más de setenta, se me aparece Miguelito allí, que tenía un problema. Digo: "¿Qué problema es?", dice: "Necesito ver a un urólogo". Entonces cuando llego allá, él tenía una infección en el prepucio y producido por sufimosis, es decir, él tenía necesidad de corregir su condición anatómica del prepucio y tenía que operarse y entonces después que pasó su estado crítico, el urólogo, a quien yo se lo había presentado, lo citó para la operación. Cuando él estaba en la mesa de operaciones en cirugía menor, yo me le acerco y le digo: “ Miguelito, la ley de Dios no admite trampa, te cortaron el pito, mira…” y entonces le devolví la broma que él me hacía.

Pero en mi pueblo nunca, nunca, nunca hubo discriminación contra nosotros. Era un pueblo humilde, de gente trabajadora, creyente, donde la iglesia predominante era la católica, pero era un pueblo de gente buena, es decir, en general el pueblo de Cuba no es un pueblo que establece diferencias, étnicas, o de nacionalidad, o de raza. No, nunca nosotros sentimos que éramos maltratados, en ese, en general, mi experiencia de haber vivido toda mi vida, ochenta años aquí en Cuba, es esa.

Hay una etapa de mi vida que quería señalar aquí. Uno de los fenómenos sociales de la Comunidad Judía en Cuba en el periodo del 1960 al 1990 es que al perderse la forma de vida tradicional muchos jóvenes adolescentes, perdieron la oportunidad de poder seguir la tradición y la oportunidad de transmitirle esa tradición a sus hijos. La composición de la Comunidad, su asimilación a la vida social cubana hizo posible el fenómeno del crecimiento extremo, llega casi al noventa por ciento de matrimonios extra comunitarios, hombres que se casan fuera de la Comunidad, al igual que mujeres que se casan fuera de la Comunidad. Esto lo encontramos en este proceso de restauración grande de matrimonios mixtos, con los cuales hemos tenido que trabajar e integrar, regularizando esa Comunidad.

Mi vínculo con la Comunidad Judía es lo que me lleva a mí, cuando ya la Comunidad está en decadencia a no querer aceptar que todo aquello que se había construido, aquello que se había hecho ya no era igual, ya no tenía el esplendor que había tenido en su época mejor, pero no tenía por qué desaparecer, descendientes de judíos que querían volver a las raíces, resucitar aquello, rescatarlo aquello que se estaba perdiendo y eso fue lo que hicimos.

Esa oportunidad fue a partir del 1990, nos faltaba recursos, nos faltaba apoyo y eso es lo que conseguimos... y eso es lo que tenemos hoy, gracias a eso podemos tener todas esas cosas que estamos haciendo, actividades y es una Comunidad que ha respondido bien, debe mantenerse como estaba hasta ahora.

Yo tuve un primer matrimonio del cual quedé viudo, mi esposa, de este primer matrimonio se convirtió en el Templo de la United Hebrew Congregation para casarse conmigo, fue una boda que asistieron personas de la Comunidad y personas que tenían amistad con la familia de ella. Todo el mundo participó, las fotografías son testigos que la ceremonia fue muy bien llevada, me quedaron dos hijos de ese matrimonio. Un hijo que hoy tiene cincuenta y tres años y una hija que tiene cuarenta y seis.

Después conocí a Dalia, me casé con Dalia y tuvimos dos hijos. Esos hijos tienen cuarenta y un años y el otro de treinta y ocho. Por distintas razones no están viviendo en Cuba. Uno de ellos está viviendo en Israel. Yo jamás le exigí o le impuse a mis hijos que tenían que seguir vinculados o manteniendo su identidad judía. No tuve necesidad de eso, sólo lo que hice fue darle el ejemplo. Y ellos quisieron ser lo que su padre era, sencillamente no tuve que decirles, ellos querían ser lo que su padre era. ¿Por qué? Porque yo era un individuo que desde el punto de vista profesional no he tenido nunca problemas en este país. Trabajé en Salud Pública, en la Universidad, todo el mundo me respeta. Nadie dejó de saber nunca que yo era judío. Era del conocimiento pleno de todo el mundo, yo nunca me sentí distinto por el hecho de ser judío y de mantener mi identidad.

Creo que ... ya le dije antes, el pueblo cubano no es racista… pero creo que te ayuda más el mantener firmemente tu identidad, que estar tratando de escapar de ella. Eso la gente lo respeta, la gente respeta más al individuo que es lo que es, lo mantiene, sabe adonde pertenece y no se olvida jamás de lo que es. Eso la gente lo respeta.

Yo no tengo quejas de mis hijos, hasta mi nieto está vinculado a la vida judía. Lo cual quiere decir que me he casado dos veces y las dos veces, mi esposa escogida ha sido fuera de la Comunidad, como ve en ninguno de los dos casos he tenido que obligar. Mi esposa sabe lo que yo soy y lo que a mí me gustaría. Si mi esposa se tiene que convertir y entrar a la mikveh, se convierte y entra en la mikveh, no hay problema. Dalia sabe que yo me voy a sentir mejor si ella se integra mejor a la vida comunitaria, tener un hogar judío, que si no lo hace, como ves aquí, esta es una casa judía. Desde que entras por esa puerta hay una mezuzá.

Yo tampoco soy un individuo demasiado observante. Yo respeto la tradición en lo fundamental, en lo central no en lo periférico. Y he ayudado a crear y he estado dirigiendo la Comunidad que quiero que sea así, una Comunidad que se identifica como judía.

Hay algo que yo, como dirigente de la Comunidad, trato de transmitirle a la juventud de aquí y es lo siguiente: no hay mejor escuela de judaísmo que el hogar, que la familia. Usted aprende muchas cosas en un colegio hebreo y judío que sus padres a veces no les pueden enseñar porque tampoco lo saben, y mi preocupación ahora es que las generaciones venideras, los jóvenes que van asumir, mantengan la posición, cuiden de que la Comunidad mantenga su identidad, no la pierda.

Eso es importante, quiero asegurarme de eso ahora. Quiero establecer las reglas por la cual se debe regir nuestra Congregación para poder mantener esa comunidad. Soy optimista con relación a eso, porque veo como ha respondido la Comunidad, tenemos gente muy valiosa, gente que tiene cultura. Esa son las personas con las que queremos contar.

Cuando tú decides ser judío, tú sabes lo que es ser judío, no hay que imponértelo. La autodisciplina te lleva a ti a mantener eso. Todos somos testigos que llevamos un proceso de más de quince años que se han hecho conversiones, matrimonios y se ha establecido un sistema para homogenizar la Comunidad. Para que se mantenga judía y eso siempre lo hemos mantenido.

Hace un rato hablé sobre lo que era la Agrupación Cultural Hebreo-Cubana, un grupo de profesionales judíos cubanos y de intelectuales judíos cubanos, nos dimos a la tarea de establecer las mejores relaciones culturales y de entendimiento, para que la sociedad cubana que nos rodeaba conociera mejor la cultura judía y la tradición judía. He estado hablando del Circulo Universitario, la agrupación Hillel, mi participación en los mejores años de la B’nai Brith en Cuba. Estoy hablando del año ‘51, ‘52. Mi integración a la Agrupación Cultural Hebreo-Cubana, una organización que jugaba un papel importante y llenaba un vacío de su lucha: establecer las mejores relaciones culturales con el Estado de Israel que se había recién creado, 1948.

Durante todo ese tiempo mi trabajo consistió en el ejercicio privado de mi especialidad, pero al triunfo de la Revolución por entusiasmo, por invitación de los amigos míos que estaban vinculados a los servicios médicos de la Fuerzas Armadas, compañeros míos, entro a trabajar en la Dirección de Servicios Médicos del Ejercito Rebelde, años ‘59 , ‘60. Todo eso que se vivió en Cuba, lucha contra bandidos, La Coubre, movilizaciones, todo eso lo viví dentro de las Fuerzas Armadas. Esto trajo alejamiento de la familia, de otras actividades, eso hizo también que yo me separara también de la Comunidad Judía y que mi relación fuera indirecta, a través de mis padres que estaban en Cuba.

Mi hermano y hermana habían emigrado en 1961 a Estados Unidos. Pero mis padres se habían quedado aquí, ellos se habían quedado porque mi padre tenía un pequeño negocio, que inicialmente no fue afectado, otros tipos mayores de negocios fueron afectados. Los pequeños se mantuvieron hasta el año 1968, es decir, hubo una primera nacionalización de negocios mayores y una segunda de negocios más pequeños, que incluye a todos los negocios pequeños que quedaban. Mis padres se van de Cuba en 1969. Mi papá tenía sesenta y siete años de edad, mamá cinco años menos.

Pero al mismo tiempo, trabajando en las Fuerzas Armadas se empieza el proceso del Partido Comunista dentro de las Fuerzas Armadas, 1965. El Partido está basado en la disciplina y la autodisciplina. Siempre hemos dicho que no es un secreto para nadie que al principio de la Revolución, el Gobierno Revolucionario no estableció una política definida con relación a los grupos religiosos y a la práctica de la religión. No hubo restricción de las actividades religiosas, pero es que no se estableció en ningún momento cúal era la relación entre esos grupos, esos religiosos y la línea política del gobierno. Y precisamente porque nunca se estableció, la gente asumía que ser religioso no era bueno en este país, nadie se iba a beneficiar siendo religioso.

Porque si los que estaban vinculados a la política partidista sabían que ellos no podían ser religiosos, que era incompatible ser religioso y pertenecer al Partido. Por tanto el que era del Partido y tenía algún deseo de integrarse a un grupo religioso se cohibía para no buscarse problema. Y tan es así, que es el gobierno el que, el 2 de abril de 1990, convoca a una reunión con los grupos religiosos para definir esa situación, en vista a la proximidad del 4to Congreso del Partido, que se iba a celebrar en 1991. Es el gobierno quien se da cuenta que hay que definirlo y que hay cosas establecidas en cuanto a las religiones que no están correctas. Como eso de establecer constitucionalmente que es un Estado ateo, eso está en una primera Constitución y después se modifica, que Cuba es un Estado laico donde la Iglesia o las religiones están separadas del estado. Cambia totalmente la proyección del Gobierno Revolucionario con respecto a las religiones.

La Comunidad Judía tenía profesionales que no sabían como eso podía afectar su vida social. En el año 1967, ocurre la Guerra de los Seis Días en el Medio Oriente, Israel tiene que defenderse de los países Árabes, por segunda vez, la primera fue en el 1948 y por segunda vez derrota al ejército árabe, pero a diferencia de la primera donde algunos países árabes lograron penetrar territorio de Israel, pero al final se estableció un alto al fuego y se quedaron donde estaban. En la guerra del ’67 Israel logra rescatar a esos países árabes principalmente derrota militarmente a Egipto, rechaza ataques Sirios por el norte y lleva a Jordania al Este del Rio Jordán, entonces es cuando Israel se queda con Jerusalén y con ese territorio que es lo que esta en disputa que Israel tiene que volver a las líneas anteriores, o sea, lo que se llaman territorios ocupados. Yo no voy a hablar de eso, pero sólo estoy hablando de lo que ocurrió. La diferencia esta en cómo nosotros vemos a Israel y cómo lo ve el Partido, cómo lo ve otra gente.

El Partido se estaba integrando y estaba en proceso de integración y crecimiento por las Fuerzas Armadas dentro de las instituciones que yo estaba trabajando y yo tenia mi criterio que no coincidía con el criterio del Partido por lo tanto lo mejor que yo hacia… tenía que escoger, abandonaba mi criterio me olvidaba de lo que yo pensaba, o me iba de donde yo estaba... todo el mundo lo comprendió y todo el mundo fue buenísimo conmigo al irme de las Fuerzas Armadas y pasar a trabajar a Salud Pública. En el 1968 yo dejo definitivamente las Fuerzas Armadas y empiezo a trabajar en el Ministerio de Salud Publica.

Un poco después se van mis padres del país, la no necesidad de tener que estar en constante movilizaciones militares me dejó tiempo y me dejó espacio para estar cerca de la Comunidad. Al irse mis padres yo pierdo el contacto ese indirecto. En el 1970 comienzo a reintegrarme a la Comunidad, es decir acercarme a la Comunidad. Todavía la Comunidad se podía mantener, pero el proceso de emigración continuaba, cada día era más débil la Comunidad Judía. Y llega la década del ’80 que es la década del Mariel donde quizás el grupo más importante de la Comunidad Judía se va del país, incluyendo entre el ’80 y el ’81 los dirigentes del Patronato. Es a petición de ellos mismos que yo paso a ocupar la posición que tengo en el Patronato. Se iban del país tenían que dejar a alguien y pensaron que yo lo podía hacer.

Lo único que pude hacer yo fue sostener la situación hasta ver donde llegaba. Lo que si le digo es que nunca nadie durante esos años desde 1970 a 1981 nunca a nadie le pasó por la mente otra cosa que la Comunidad Judía tarde o temprano desaparecería totalmente. Nadie pensó en una recuperación y muchas cosas que no se debieron haber hecho se hicieron precisamente por pensar de esa manera.

Incluso algunas Torot se sacaron del país, se cedieron para que no se perdieran totalmente. Se les entregaron a personas que podían cuidarla mejor. Para que no se fueran a perder totalmente. Nadie pensó que lo que ocurrió en abril de 1990 ocurriría. Pero eso también está en relación con el proceso que se inicia en el mundo comunista en 1985 con Gorbachov. En que hay un cambio total de la política que Cuba no adopta, pero que comprende que muchas de las cosas que se venían haciendo hay que cambiarla. Que errores que se venían cometiendo hay que rectificarlos y entre esas cosas estaba la relación del Estado y el Partido con la Religión y esa fue la oportunidad que nosotros tomamos para empezar a restablecer la Comunidad Judía de Cuba. En 1992 convencido que lo que necesitábamos es mas fuerza mas recursos acudimos al Joint. Yo personalmente, le escribí al Joint y me respondió.

A partir de ese momento empezamos a trabajar juntos, no exactamente como ahora. El sistema de enviar a una persona por dos años o dos años y medio comenzó después. Al principio venían y trabajaban por dos semanas y se iban. Cuando se iban volvía todo a perderse.

Ahora lo que si tratamos es crear las condiciones para que pase lo que pase, nosotros mismos seamos capaces de mantener la vida judía, sino al mismo ritmo, por lo menos sobrevivir con un ritmo aceptable. Ahora sí, no podemos cerrar la puerta, tenemos que seguir viviendo y tenemos que buscar la gente que se va a responsabilizar con eso.

Y aunque nos reunimos todos en el Patronato y aunque todos compartimos, no nos podemos engañar hay quien sirve y hay quien no sirve para eso. Creo que dentro de eso tú deberías entrevistar a jóvenes y preguntarle qué significa para usted su identidad judía y qué proyección futura usted pudiera tener con relación a mantener la Comunidad, esa pregunta es importante, es muy lindo tener jóvenes que como resultado de todo esto que estamos hablando te diga que es para él ser judío.

Yo creo que el estado actual es satisfactorio. ¿Cuáles son los cambios?; ¿Qué hemos hecho?; ¿Qué hemos introducido?; ¿Qué es aceptable modificar?; ¿Qué debe mantenerse?

Establecer las normas de conducta que se puedan seguir con relación a la continuidad de la Comunidad y al mantenimiento del legado judío. ¿Qué cosa es ser judío en Cuba? ¿Cómo se es judío en Cuba?

Por ejemplo nosotros hemos aceptado la identidad judía sobre la línea paterna, nosotros hemos aceptado la condición igualitaria en la mujer en el servicio. En el templo, no separamos la mujer del hombre, no hacemos la mejitzah, la mujer se llama a leer la Torá, se acepta la línea paterna, si tiene padre judío te consideramos judíos, se acepta la inclusión del matrimonio mixto, pero hay cosas que hay que establecer.

Lourdes, me resulta un poco difícil, aunque esa pregunta esta correcta. ¿Qué ha significado para mí? Pero me resulta un poco difícil porque hay cosas que yo he sido el protagonista único, si yo hablo de eso puede ser, que es como que me estoy elogiando a mí mismo, pero espero que todo el mundo me haga justicia y que todo el mundo entienda el papel que yo he jugado en la Comunidad. Eso sí, yo sólo no pude hacerlo, yo tengo mucha gente buena que ayuda a mantener la Comunidad. Es imposible yo sólo.

¿Cuál es el mérito que tengo? Bueno el impulso, la fuerza, el entusiasmo para reconstruir la Comunidad y la preocupación ahora por mantener lo que hemos conseguido y por darle el valor, la importancia al cumplimiento de las tradiciones. En la medida que a nosotros nos sea posible mantener o cambiarla si es necesaria, pero hay que tener una justificación.

Los jóvenes sobre todo los que están a la vanguardia , sobre todo lo que han tenido la experiencia de Israel o los que la quieran tenerla, confío en ellos, para que ellos sean los continuadores , hay un grupo de jóvenes muy buenos, muy buenos.

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