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Enrique Oltuski Ozacki

Fecha de la entrevista: 17-7-2005
Nombre: Enrique
Apellidos: Oltuski Ozacki
Fecha de nacimiento:18-10-1930
Lugar de nacimiento: Habana



.............Entrevista................

Entrevista: Lourdes Albo
Cámara y fotos: Tatiana Santos
Trascripción: Lourdes Albo y Amanda Adato

Mis Orígenes

Mis padres vinieron de Polonia. Mi padre, Berol, traducido es Bernardo Oltuski, proviene de Brest-Litovsk, un ciudad muy importante desde el punto de vista económico y político. Mi mamá, Jashe Ozacki, era de una pequeña ciudad cercana a Brest, llamada Kobrin. Ellos se conocieron, se enamoraron. Mi madre era famosa por su belleza. Mi padre iba en bicicleta desde Brest a Kobrin para visitar a mi madre, para poder verla con frecuencia. Finalmente se casaron, cuando ambos tenían diecinueve años. Mi padre estaba amenazado por el Servicio Militar, es por eso que deciden emigrar de Polonia. Ellos tenían parientes que habían emigrado antes a Cuba. Como emigrar a Estados Unidos era más difícil, decidieron emigrar a Cuba y de aquí era más fácil lograr entrar a los Estados Unidos.

Se casaron e inmediatamente, atravesaron el Atlántico. En el cruce del Atlántico “me fabricaron” porque eso fue en el 1929 y yo nací en Cuba en 1930. Mi padre en Polonia era zapatero, era una ocupación muy común entre los polacos que vivían humildemente, que vivían en gethos. Recuerden que Polonia era un país católico de esa región. A ellos les encantó Cuba y decidieron quedarse. Yo les agradezco eso tremendamente.

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Mi Niñez

Yo nací en la Habana, en la calle Paula, para mi es un orgullo, porque ahí nació Marti.. A los seis meses, mi padre decidió mudarse para la Habana, aquí trabajó como zapatero y cuando llegó a Santa Clara montó su propio taller de calzado. Ahí fue donde desarrolló todo su proceso económico hasta hacerse un hombre rico. Yo tenía apenas seis meses cuando fuimos para allá.

Luego, mi madre salió en estado de mi hermana y su salud se afectó y le dijeron que mejor se fuera para Polonia a dar a luz a mi hermana. Aquella mujer tomó un barco. Yo tenía un año cuando eso. Así que mi madre volvió a atravesar el Atlántico al revés.
El padre de mi mamá era zapatero. A lo mejor esa fue la razón por la que mi padre y mi madre se conocieron.

Mi hermana Silvia nació en Polonia. Vivimos en casa de mi abuelo materno cuatro años. Eso fue en el año 1935, la crisis económica, mi padre no tenía el dinero para costear el viaje de regreso. Cuatro años pasaron hasta que él logró reunir el dinero necesario para regresar a Cuba.

Tengo que decir que aquellos fueron años maravillosos, cuando regresamos a Cuba yo tenía cinco años, pero yo recuerdo perfectamente a mis abuelos, la casa donde vivimos, también vivían dos hermanos de mi madre. Sintetizar esos recuerdos es también hablar del heredero de la familia. Fui el primer nieto varón de mi abuelo, así que tenía una jerarquía alta en aquella casa. Mi abuelo era una persona maravillosa. Yo lo consideré mi padre. Le decía tate, padrecito en Idish, que era el idioma que se hablaba allí que fue mi primer idioma, “padrecito” es tate, como le decía mi mamá y el resto de todos sus hijos. Él me llevaba a la sinagoga, estaba muy orgulloso de mí porque donde quiera que él iba, él me llevaba.

Recuerdo los sábados. El taller de zapatería donde trabajaban él y sus dos hijos era la sala de la casa. El viernes a la caída del sol, se limpiaba aquello y se ponía la mesa con los platos y cubiertos que se guardaban para el viernes. Los candelabros se encendían, todo eso lo recuerdo.

Regresamos a Cuba, a Santa Clara, mi madre, mi hermana. Yo no hablaba español, hablaba Idish. Era muy rubio, tenía bucles que me colgaban. Casi sin hablar una palabra en español empecé a ir a una escuela, no era una escuela judía porque en Santa Clara no había. Recuerdo que mis compañeritos de clases comenzaron a alarme el pelo. Le dije a mi madre que me cortaba los bucles o yo no iba más a la escuela. Así fue como me empecé a pasar de aquel ambiente al de Cuba.

Aprendí rápidamente español, descubrí quién era Martí, quién era Maceo. Aprendí versos de Martí, “con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar…” Mi maestra me explicaba qué significaba. Si les digo esto es porque es allí donde yo empiezo a cambiar.

Del muchachito judío que vino de Polonia a un cubanito. Más importante que el hecho de haber nacido en Cuba fue para mi cómo Inés Ponce, mi maestra, se dedicó a enseñarme la historia de Cuba, de una manera muy particular. Gracias a ella me convertí en un amante de la historia de Cuba y luego del mundo.

En mi casa paterna no eran judíos ortodoxos como lo eran en casa de mi abuelo, en Polonia, pero en Santa Clara había sinagoga que quedaba cerca de nuestra casa. Íbamos los viernes, se celebraban las festividades, nacimientos y bodas, en la sinagoga.

Recuerdo que el encargado de eso era alguien de origen austriaco, vienés, no era rabino pero era el jefe de la sinagoga, organizaba las bodas y por ejemplo cuando mi Bar Mitzvah, él fue el que me enseñó a leer en hebreo. Además las letras en hebreo yo las conocía, mi hermana, mis padres y yo hablábamos yidish todo el tiempo.

Viví entre dos mundos. Un mundo muy cubano y un mundo judío, pero no ya ortodoxo, porque mis padres y las otras familias, que eran como cincuenta familias, no llevaban las costumbres judías con el mismo rigor que se llevaba en casa de mi abuelo y los amigos de mi abuelo en Polonia. Porque tengo que decir que además de las relaciones que mi abuelo tenía con los judíos de Kobrin, también tenía relaciones con católicos, cristianos. Eran ellos los que le compraban los zapatos que él y sus hijos, hacían.

Los judíos de Santa Clara eran más liberales. La comida kosher quedó atrás. La carne de puerco, que no podía comerse, con el tiempo mi padre permitió que se comiera jamón y después una costilla de puerco. Es decir, fueron el lugar, la vida y las costumbres que nos rodeaban lo que hizo que no fueran las mismas que existían en Europa, hizo que se fueran flexibilizando esos criterios de la religión judía ortodoxa.

Fui evolucionando, mi maestra Inés al pasar de grado no fue la misma, pero siguió mi contacto con ella. Ella me prestaba los libros que ella tenía. Tengo que decir que a los diez u once años yo tenía una cultura por encima de la media. Estas ideas religiosas fueron evolucionando. Cuando llegó la época de mi Bar Mitzvá les dije que ya no sentía lo mismo que ellos. Que yo no entendía por qué nosotros, los judíos, debíamos ser una casta aparte. Eso trajo grandes problemas con mi familia, mis padres. Finalmente acepté hacer el Bar Mitzvá.

He pensado sobre el pueblo escogido de Dios, el hecho de que los judíos tengan que casarse con gente de su misma religión porque de lo contrario implicaría la desaparición del pueblo judío, es decir, se disolvería aquella nación en la diáspora. En aquella época tenían un sentido y motivo.

También he pensado en la discriminación de los judíos en todas partes. Eso nunca pasó en Cuba. Todos los compañeros en mi escuela y después en el bachillerato, en la enseñanza media, me llamaban el polaquito. Sabían que teníamos otra religión, otras costumbres, pero nunca sentí la discriminación que los judíos sufrieron y sufren todavía en otros países del mundo, eso en Cuba nunca prosperó.

Aprendí a amar y respetar a gente de otras razas. Mi negra Inés, a esa maestra que quise tanto, prácticamente me adoptó. Gracias a ella aprendí a amar a los negros, a los mulatos, a todas las razas. Les explico esto con detalle para que comprendan mi vida posterior. Esta fue la base que me hizo diferente a miembros de la Comunidad Judía de Santa Clara, que se fueron al Triunfo de la Revolución. Yo me sentí cubano y nunca me arrepentí, ni me avergoncé de mi origen judío, y aún considero que ese origen también jugó un papel muy importante en mi formación intelectual.

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Mi Juventud

Después de terminar mi primaria comencé a estudiar en el Instituto de Segunda Enseñanza, en Santa Clara. En esta etapa desarrollé mis conocimientos históricos, literarios, técnicos. Me dediqué mucho a leer, toda esa etapa me dediqué a buscar. Consideraba la Biblia como una obra literaria que recogía hechos antiguos, pero en aquellos tiempos no era igual, la historia se trasmitía verbalmente, cada cual le quitaba y le ponía lo que quería. Esa historia de la existencia de Dios. Hoy cuando lo veo es algo increíble, todas sus luchas y lo que sufrían.

Yo buscaba otras explicaciones, así que comencé a leer los filósofos más conocidos, me hice un libre pensador, pero nunca sentí que mi origen judío era una mancha, sino todo lo contrario. Viví orgulloso de eso por dos aportes muy importantes, a mi juicio, que hizo la religión judía al pensamiento de la humanidad. Primero, fueron los que creyeron en un solo Dios, que no era ni un árbol, ni un astro, ni una piedra, sino que era su ser, que el hombre era parecido a él, ese fue un paso de avance, aunque a mi juicio en aquel momento no comprendí. El segundo gran aporte a la humanidad fueron los Diez Mandamientos, lo cual convirtió a la religión judía, en una religión oral, una religión donde el eje central es la ética, la moral y eso me hizo, y lo mantengo hasta los días de hoy, sentirme orgulloso.

En el último año del bachillerato conocí a la que todavía es mi esposa. Cumplimos cuarenta y nueve años de casados en estos días. Nos conocimos en el año ’47. Me enamoré de ella, pero para acercármele usé como pretexto que ella era mejor estudiante que yo. Y que yo necesitaba estudiar con ella, para que ella me apoyara en el estudio de la Química, que yo no entendía muy bien, empezábamos a estudiar en su casa. Ella era una católica practicante, estudió en escuelas católicas, al ver todo eso, decidí no declarármele. ¿Por qué? Porque yo era amigo del hermano de ella, Guillermo. Llegamos a establecer una relación de amistad con los padres de ella también, me parecía que yo no podía faltar a la confianza que sus padres habían depositado en mí.

Ella se fue a estudiar a la Universidad de la Habana y yo me fui a estudiar a la Universidad de Miami. Porque en aquellos tiempos mi padre era un hombre rico allá en Santa Clara. La gente que tenía dinero acostumbraba a mandar a sus hijos a estudiar al Norte, como le decían a los Estados Unidos. Allí estudié la carrera de ingeniera arquitectónica. Siendo estudiante de la Universidad de Miami venía a Cuba dos veces al año. Las vacaciones las pasaba en Santa Clara.

Batista da el Golpe de Estado en marzo de 1952. En esa época yo estudiaba en la Universidad de Miami. Vine a Cuba en el verano de 1952. Tengo que decir que, aunque yo no militaba en ningún partido, tendría veinte y un años, pero producto de mis lecturas políticas y mis amigos en Santa Clara; yo tenía criterios con relación a la política cubana. Yo iba desarrollando esas ideas. Cuando regreso en el verano de 1952, para las vacaciones y como siempre me comunicaba con Guillermo Rodríguez del Pozo, el hermano de Marta. Guillermito, como le decíamos, estudiaba medicina en la Universidad de la Habana. Entonces él me explica todo y me dice: " Estamos contra Batista y nos estamos organizando en la Universidad de la Habana para luchar contra él, no por la vía política, por ahí nunca podremos cambiar nada, sino por la vía armada" .

Me fui con él para la Universidad de la Habana y conocí a Faustino Pérez, Armando Hart. Ya se estaba creando el Movimiento Nacionalista Revolucionario que tenía a un profesor de la Universidad, García Barsena. Ahí lo conocí, cuyas ideas eran derrocar a Batista por medio de oficiales que estaban contra Batista y luego lograr el apoyo popular. No eran ideas con la madurez y el desarrollo que después tuvo el Movimiento 26 de Julio, pero era el primer termino de la lucha por la lucha armada.

Cuando le dije a García Barsena que yo estudiaba en la Universidad de Miami y que me quería unir al grupo, me dijo que era una buena idea, que a partir de ese momento era el delegado de nuestro movimiento en los Estados Unidos. Así que, tenía dos tareas: hacer propaganda contra Batista y lograr conseguir armas para la lucha.

Así es como me incorporo de lleno al movimiento revolucionario. En 1953, Fidel ataca el Cuartel Moncada. Después producto de la presión popular lo liberan y va a México, para organizar la expedición del Gramma. El movimiento de García Barsena, que había hablado que pertenecí, no había avanzado porque Barcena era una magnifica persona, pero no tenía el carácter que tuvo Fidel en la organización del Movimiento 26 de Julio.

Terminé mi carrera, me gradué de arquitecto, trabajé como un año en la Florida proyectando hoteles. Vivía como un 'play boy', ganaba mucho dinero, combatía al imperialismo a través de las muchachas americanas con que tuve relaciones. Carro último modelo, apartamento de lujo, el dinero me sobraba, pero la conciencia no me dejaba disfrutar de eso.

Mis compañeros estaban en Cuba luchando ya contra Batista. Un día me levanté y dije: "hoy es el día". Regalé todo lo que tenía y regresé a Cuba. Cuando volví a Cuba me incorporé al Movimiento 26 de Julio. Eso era en el 1955, porque el hermano de Marta, Guillermito, era uno de los dos designados para organizar el 26 de Julio en la antigua provincia de las Villas. Estuve un tiempo en Santa Clara y conseguí trabajo en la Habana, en la empresa petrolera Shell Oil.

Para fines de ese año me ”empaté” con Marta. Empezamos a salir juntos, pero no me había decidido a casarnos. Ya ella era doctora en farmacia, a pesar de eso seguía siendo una católica que iba a la iglesia todos los domingos, por eso le dije que no nos casaríamos, porque ya yo tenía ideas marxistas.

En la Universidad yo había conocido a una americana que tenía ideas marxistas y me regaló un libro que todavía está en esta biblioteca, “Historia de la Filosofía”, sobre los veinte filósofos más importantes de la historia de la humanidad. En unas veinte páginas, el autor explicaba las ideas de Marx. Después me regaló más libros, como El Capital. Así que cuando yo regreso de los Estados Unidos ya yo tenía esas ideas en la cabeza.

Con otro compañero me incorporé al Partido Socialista Popular. Pero cuando hablamos con los dirigentes de Santa Clara, decidimos no ingresar, sino que ingresamos en el Movimiento 26 de Julio. ¿Por qué lo hicimos? Porque ellos se oponían a la lucha armada, aunque para ser un comunista había que ser valiente de verdad y creer en que los cambios que nuestra sociedad demandaba se podían resolver por la vía del marxismo. Un comunista era perseguido, discriminado y había magníficos compañeros... pero estaban en contra de la lucha armada. Pensaban que por la vía política se podía llegar al poder y cambiar la sociedad. Nosotros pensábamos que no, que por la vía política corrompida de Cuba, no podía ser. Así es como a través de Guillermito ingreso en la Habana.

Consigo trabajo en la Habana y decido declararme a Marta. Empezó nuestro noviazgo pero de boda nada. Un día me convenció que fuera a hablar con el cura de Santa Clara, discutí por algunas horas con ella, sentado los tres en una mesita. Discutimos el cura y yo por algunas horas, incluso de filosofía. Cuando se hizo de noche le dije al cura: "Ya es muy tarde". Antes de irme me dice el cura: “¿Sabe cuál es su problema?, que usted no tiene Fe" , le dije: " Mire, si tener Fe es creer en fabulas de cuentos, yo nunca tendré Fe. Yo solo creo en la Razón".

Al otro día era domingo y como siempre estaba invitado a almorzar en casa de Marta. Llegué a la casa de ella y cuando toqué, el saludo fue: "¿Cuándo nos casamos?".Allí comprendí que había ganado la batalla.

Entonces nos casamos en Santa Clara, sin el conocimiento de mis padres. Porque cuando les dije que me iba a casar con Marta, aquello fue una tragedia, me acusaron de traidor. Yo no podía hacer eso porque eso era acabar con la tradición judía. Fue muy duro y comenzó ese día una gran tragedia. Ya ellos conocían a Marta, yo la había llevado a mi casa y lo hice para ir preparando lo que yo les iba a decir. Ella les cayó muy bien, pero casarse era otra cosa.

Yo estaba solo con ellos y cuando se los dije, mi madre empezó a llorar y mi padre, que era un hombre duro, me dijo qué como yo iba a traicionar la historia de nuestra familia que durante siglos había practicado la religión judía. Por primera vez vi llorar a mi padre. Para mi fue un gran trauma, pero mi pensamiento estaba muy sembrado en mi mente y la decisión de casarme con Marta la mantuve. Así que nos casamos, sin que mis padres lo supieran, en casa de los padres de Martha.

Nos mudamos para la Habana. Ya habíamos alquilado un apartamentito en la Habana, trabajé en la Habana, eso era finales del ’56 porque nos casamos en junio del ’56.

De todas formas el haber hecho sufrir con mi matrimonio a mi madre, con la que tuve siempre una relación muy estrecha, decidí decirle a mi madre todo lo que estaba pasando cuando Marta está en estado de mi primer hijo.

Es increíble como esa herencia sobre la tradición de no querer casarse con gente de otra religión, porque eso le restaba a la nación judía, eso tiene una fuerza extraordinaria, en aquellos años, más todavía. Al ver sufrir tanto a mi madre decidí que Marta y yo nos casaríamos por la religión judía. Fue muy sencilla, solo invitamos a los testigos y con eso pude devolverle la felicidad a mis padres. Ante ellos seguíamos practicando la religión judía y Marta se hacía una practicante. Cuando nació mi primer hijo lo circuncidaron. Así que narro esto para que vean como fue mi vida, lo que tuve que hacer producto de mi evolución, de mi pensamiento social y filosófico.

En ese año fue el Desembarco del Gramma. Pertenecí aquí en la Habana a la Dirección del Movimiento 26 de Julio, que dirigía Faustino Pérez. Era arquitecto, pertenecía al departamento técnico de la Shell, llevaba una doble vida. Una vida pública, me hice miembro del Club Rotario, me veían como un joven ambicioso, prometedor, que llegaría lejos; pero secretamente, era miembro de la Dirección de Movimiento 26 de Julio.

A fines del 1957, la Shell me traslada a Santa Clara, como jefe técnico de la Shell en el centro de Cuba. En enero del ’58 fui nombrado Jefe del 26 de Julio en la Provincia de las Villas, seguí mi doble vida. Después llegó el Ché a las Villas, ya me habían escrito que el Ché venía, que lo recibiera y que me pusiera a sus órdenes. El 28 de diciembre Fidel me ordena que le avise al Ché y Camilo que se prepararan en la avanzada. Llegamos a Santa Clara el día 1º de enero del 1959.

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No tan Joven pero…

Así comenzó la otra etapa de mi vida, en la Revolución. Fidel, cuando entra a Santa Clara el 6 de enero como los padres de Marta tenían un chalet en la Carretera Central, él se alojó allí en casa de los padres de Marta.

Lo interesante fue que al explicarle lo que yo estaba haciendo para devolverle la vida a la población, estuvo de acuerdo y me pidió que siguiera con él para la Habana. Yo le dije que no, que ya yo había terminado con mi labor revolucionaria, que yo no tenía aspiraciones políticas y que a la semana siguiente pensaba incorporarme a mi trabajo. Me miró y me dijo: “Así que tú piensas que ya terminaste, ¿no te das cuenta que esto empieza? De todas maneras me quedé en Santa Clara. Tres días después me mandaron a buscar, que el Presidente Urrutia quería hablar conmigo. Salí para la Habana pensando: "¿Qué habré hecho?" .

Llegué al Palacio Presidencial. Estaba sesionando el Consejo de Ministros, el presidente salió me dio la mano y me dijo:" Lo felicito, porque lo acabamos de nombrar Ministro de Comunicaciones del Primer Gobierno Revolucionario" Yo le dije que yo no sabía nada de comunicaciones que era arquitecto, que no sabía siquiera dónde quedaba el Ministerio de Comunicaciones. Me dice: " No importa, usted es usted y no le costará trabajo aprender,". Así es como empecé. Ahí se fundó Prensa Latina y Radio Habana Cuba, también se fundó el Programa “ La Revolución Explica su Obra”.

A mediados del ’60 empecé a trabajar con el Ché en lo que fue el Ministerio de Industrias. Fui viceministro del desarrollo técnico. En el año ’65 el Ché se marcha de Cuba y le pido a Fidel que me relevara en mi cargo de vicepresidente de la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN), lo que es ahora el Ministerio de Economía. Le dije que lo que a mi me gustaba era la agricultura, él me dijo: " Qué buena idea, y al otro día me nombran jefe del Plan Ganadero Costa Norte. Aprendí a montar a caballo y a ordeñar vacas.

Nos fuimos Marta y yo con los niños a vivir en una casita en el medio del campo. En mi segundo libro hablo cómo aprendí a montar a caballo, después vino la época de la "Zafra de los 10 Millones", así que en el año ’66 nos enviaron de jefe de la Industria Azucarera en la provincia de Matanzas. Vivía en un central azucarero y nos mudamos una vez más con Martha y los cuatro muchachos para el Central España Republicana. Escogí ese central porque quedaba en la zona azucarera de Matanzas. Allí vivimos cuatro años. Hasta la "Zafra de los 10 Millones".

Entonces vino la idea de desarrollar la industria pesquera en el exterior y entonces pasé a trabajar en el Ministerio de la Industria Pesquera, donde llevo más de treinta años. Ahora, en estos momentos, atiendo el control de la producción, más en detalle, la apicultura. Me gustan mucho los trabajos con la naturaleza.

Quiero pasar una nueva etapa en mi vida, cuando pueda, que es la de escritor. Me gusta escribir, considero que es fundamental contar la historia de la revolución, por la que la vivimos. Debemos escribir como era Cuba y por qué los jóvenes de la década del ’50 nos hicimos revolucionarios. Mi estilo es de manera novelada, narrativa, pero siempre relato, sin mentir, ni inventar, ni ser el gran héroe. Creo que todo el que puso un granito de arena hizo una labor meritoria.

Escribo para la juventud. He escrito dos libros que han tenido mucha aceptación. Tengo una ambición en mi vida y aprovecho esta oportunidad para decirla. Quiero ser el primer cubano en ganar el Premio Novel de Literatura. ¿Qué les parece?.

Quiero terminar esta entrevista narrando dos anécdotas de mis relaciones con el Ché (Ernesto Ché Guevara) . Porque hay que decir que en mi vida y en la de todos los cubanos, hubo dos figuras que jugaron un papel decisivo, una es el Ché y la otra Fidel.

Esta anécdota tiene que ver con mi padre. Le digo: "Ché, tengo que pedirte un favor, es en relación a mi padre.Tú sabes, que es de origen polaco y religión judía, era zapatero en Polonia, se casó con mi madre en Polonia cuando tenia diecinueve años y vinieron de inmigrantes a Cuba y yo nací aquí”.

El Ché seguía con atención mis palabras, le digo: “Tú sabes como son esos inmigrantes, rápidamente hacen dinero, pues consideran esa es la mejor defensa frente a un medio hostil. En Cuba nunca hostilizaron a los judíos pero ellos siempre se consideran otra nación, el pueblo elegido por Dios.”

“Bueno", le dije, que la cosa es que mi papá se estableció en Santa Clara y abrió su propia zapatería, después abrió otra y otras, vendía zapatos en toda Cuba. Después abrió almacenes para vender materiales y finalmente se hizo de una tenería para fabricar su propio calzado. Resumiendo se hizo un hombre rico…”.

“Bueno… ¿Y… que pasó?” –empezó a impacientarse el Ché .Le contesté: “El siempre se mantuvo al margen de la política, nunca supo de mis actividades clandestinas, siempre estuvo al margen, cuando se nacionalizaron las industrias también se nacionalizaron sus propiedades. Todos los judíos de Santa Clara se fueron de Cuba menos él, que se quedó por mí, sin que yo se lo pidiera. Se quedó, no por nuestros ideales, se quedó porque entendió que era su deber paterno respaldarme con su presencia…”

“¿Y qué quieres de mí?”, pregunta el Ché.

“Tú lo intrigas, te admira, quiero que le des tratamiento. Pues él es un hombre de acción, se siente vacío y sin objetivos. Sospecho que, secretamente quiere incorporarse a nuestras filas.”

“Buena idea, lo veo mañana.”

Cuando le dije a mi padre que el Ché quería hablar con él, se sorprendió. El Ché nos recibió, en una especie de salita en su despacho, mi padre estaba ostensiblemente tenso.

“Tenia muchos deseos de conocerlo”- empezó el Ché -conozco de su vida y su trabajo por su hijo. Quería que me narrara de su experiencia en la rama del calzado que ese es un producto tan necesario como la comida, la ropa y la vivienda... ¿Qué cree que debemos hacer…?”

Mi padre comenzó a hablar, al principio nervioso, pero después alcanzó una claridad que a mi me sorprendió, pero comprendí que eso era su trabajo…. El Ché lo escuchaba… y rara vez lo interrumpía. De pronto el Ché le dijo: “¿Aceptaría ser el inspector nacional de la Industria del Calzado?”.

Dice mi padre: “Bueno… acepto…"

Salimos sin hablar…. Mi padre se despidió y sentí que había encontrado nuevamente la razón de su vida.

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