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Donna Albalah Levy

Fecha de la entrevista: 10-3-2006
Nombre: Donna
Apellidos:Albalah Levy
Fecha de nacimiento:1-10-1937
Lugar de nacimiento: Estambul, Turquía



.............Entrevista................

Entrevista: Lourdes Albo
Cámara y fotos: Tatiana Santos
Trascripción: Lourdes Albo y Lourdes M. Peña

Mis Orígenes

Me llamo Donna Albalah Levy, nací en Estambul, Turquía en 1937. Soy de padres nacidos en Edirne y mi mamá en Lüle Burgaz, Kirklisiá.

Mi papá tenía tres hermanos y al morir mi abuelo que fue a la guerra y no retornó. Había muchas mujeres viudas sin la ayuda del gobierno, sin ayuda de nadie y empezaron a pasar mucho trabajo. Mi papá tenía nueve años cuando empezó a trabajar en la Amandra es un lugar donde se hacen quesos, era muy chiquito y pasaron mucho trabajo.

El papá de mi mamá era de una familia muy rica y muy aristócrata. Su papá estudió en Francia, se hizo médico, regresó a Turquía y lo mandan a hacer el Servicio Militar como medicó en Lüle Burgaz, allá conoce a mi abuela, se casa con mi abuela y la familia lo deshereda por casarse con una mujer de aldea, de familia pobre.Tuvo la desgracia de enfermar a los dos años de una pleuresía y muere en menos de cuarenta y ocho horas. Era el único médico que estaba allá. Mi abuela estaba embarazada de mi mamá y mi mamá nace ya huérfana.

En aquel entonces el luto era muy cerrado. Mi mamá la visten con ropones con lacitos negros, con hilitos negros, en estas condiciones mi mamá llega a los siete años y la familia de mi abuelo la lleva para la casa de ellos para Estambul. Le empiezan a inculcarles todos los modales y a hacer una vida activa.

Mi papá de joven después de la primera Guerra Mundial ya huérfano viaja a Cuba en el año ’23 con un grupo más de turcos, en aquel entonces estaba la emigración de turcos en su apogeo y se pasó diez años en Cuba. En aquella época mandó a buscar un hermano menor, lo preparó y cuando se quedó con el negocio le dijo que iba a Turquía otra vez para ver a su mamá, a sus hermanos, a la familia y como cosas del destino conoció a mi mamá y se enamoraron. Ella tenía catorce años, se casaron con ideas de venir a Cuba, pero entonces mi mamá no quiso venir por no dejar a su familia y entonces nací yo y mi hermano.

Para ese entonces mi papá había hecho algún dinero en Cuba y al regresar había montado un negocio al menudeo en Estambul. El cuñado lo hace su socio también y empiezan a trabajar.

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Mi Niñez

Ahí se sentía mucho judaísmo en los barrios judíos como Pera y Galata. Todas mis amistades eran judías, no me relacionaba con nadie que no era judío. En aquella época y aún se mantiene en Turquía que se consideran sólo turcos los que nacieron en Turquía pero que son de religión musulmana, es decir, cuando naces con tu religión judía aunque hace quinientos años de emigración sefaradita de España hacía Turquía se sigue manteniendo como judía y una de las cosas que te choca es que aun en el carné de identidad de uno te ponen judía, existe y se mantiene eso aún. Y cuando te preguntan y ven que tu apellido no es el propio musulmán, enseguida te preguntan: “¿Y tú no eres turca?” Y yo digo: " Bueno yo si soy turca porque nací en Turquía y mis padres y mis abuelos". Te preguntan por la raíz, o sea, es una manifestación de antisemitismo.

Pero en Turquía los judíos no fueron perseguidos como en otras partes, cuando en 1492 los judíos salen botados de España y van a parar a Turquía en aquel entonces el Sultán le da una parte de Estambul para que todos los judíos que venían de España se asentaran ahí, el Sultán apoyó mucho a los judíos. Los judíos poco a poco fueron enseñando que ellos eran inteligentes, empezaron a hacer negocios, fueron ayudando a enriquecer la comunidad, tanto judía como al gobierno turco, llegaron a ser gente muy rica y daban dinero e intereses y préstamos al gobierno turco.

En Turquía vivía en un barrio judío, tenía un Kal frente por frente a mi casa, aquí se le llama sinagoga. La Sucá quedaba al frente de la casa, ahí la juventud no iba al Kal, sólo iba a las fiestas. Pero no éramos muy observantes, aunque en mi casa se celebraban todas las fiestas. A los ocho años era una competencia el Taanit de Kippur: A qué edad lo íbamos a hacer, primero hasta el mediodía, después hasta las tres de la tarde.

En Shabbat me iba a comprar el pan con el dinero amarrado en un pañuelito. No encendían luces en Shabbat. En si en Turquía la gente vivía como si fueran gethos o barrios judios, no como en Santiago que estaban más asimiladas. En los barrios judíos las fiestas se sentían mucho. Mi papá no abría la tienda los sábados, se traían ramos de flores los viernes a la casa para el Shabbat.

En el año 1950 cuando tenía doce años se comienzan a hacer repartos nuevos más modernos y mis padres compran una casa en ese lugar. Ahí si teníamos que relacionarnos tanto con hebreos, que con turcos, tenía amigas turcas muy inteligentes, muy preparadas y de familias muy buenas. Mis padres lo asimilaban, también eran amigos del alcalde de Turquía, iban a un club y tenían muchas amistades turcas que no eran judías. Todo iba muy bien hasta que empecé a tener amiguitos turcos, eso si no lo permitían, yo iba a una escuela francesa de monjas para hembras. Pero en ese club es donde empiezo a relacionarme con amiguitas y amiguitos turcos y empieza el proceso de preocupación. Todo es para que la relación fuera entre judíos, para que si se enamoraba uno no fuera problema que nos fuéramos a enamorar de uno que no fuera judío.

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Mi Juventud

En ese lapso de tiempo me enamoré de uno que no era judío, era aun amor platónico y cuando se enteraron me prohibieron el estudio de pintura para que no tuviera la oportunidad de ver al amiguito turco, era una amiga de mi mamá quien lo dijo. Eso duró muy poco, mi mamá era una mujer muy avanzada y había muy buena comunicación porque era muy moderna.

Mi abuela por parte de madre y mi abuela por parte de padre vivieron con nosotros, ambas partieron para Israel cuando yo era una niña y fue el primer golpe que yo recibí de separarme de la familia.

Se empiezan a ir muchos jóvenes para crear al Estado de Israel, al irse los hijos se fueron los padres. En aquel entonces no había vuelos para Israel y se iba en barcos de carga. Se van tres primos y toda la familia. Mi mamá empieza a dar viajes a Israel. En aquel momento había una situación caótica en Israel. Mi abuela vivía en una barraca de madera, todo lo que le rodeaba era arena. Trabajaba en un trabajo de día y por la noche daba pico y pala haciendo casas.

Mi mamá iba una o dos veces al año y llevaba unas cajas muy grandes que pesaban cien kilos, ahí llevaba cosas de comida, latas de aceites, quesos, embutidos. Mi padre como tenía almacenes de víveres preparaba las cajas, todas las amistades venían y le decían: "Mordehay prepara una caja que me voy" .

Antes de venir para Cuba se pensó ir a Israel como país cálido, pero la situación en Israel no era nada fácil y mi mamá estaba acostumbrada a una vida demasiado cómoda y por eso se decide venir a Cuba. En 1955 mi hermano enferma y los médicos le mandan a viajar a un país cálido, como es lógico Cuba, mi padre ya había estado en Cuba, tenía a su hermano aquí, ya casado con una familia y viajamos a Cuba.

La partida fue difícil tenía dieciete años, había estado en una escuela primaria judía después la secundaria en una escuela francesa, tenía amistades, una edad muy difícil de separarse de la tierra donde una nació, se crió, vivió su juventud. Pero bueno…. viajamos a Cuba, la llegada fue un poco traumática, veníamos con mucha elegancia, con sombrero, guantes y todo lo que se acostumbraba en aquella época para viajar, cinco días de viaje cambiando como en cinco aviones.

Llegamos a Cuba con el segundo día de Pesaj y nos reciben en el aeropuerto mi tía y mi tío. En aquel entonces el aeropuerto de Santiago de Cuba tenía una barraca de madera porque el aeropuerto se estaba haciendo nuevo. Mi tía tenía un vestido de algodón estampado con unos zapatos descalzados, lo normal en Cuba. Nosotros veníamos con abrigos en los brazos traje sastre y todas esas cosas. Cuando vi aquel aeropuerto y aquella gente así estaba horrorizada. ¿Dónde habíamos venido? ¿Qué era eso?

No decía nada, estaba muy asustada, estaba muy nerviosa. Llegamos a casa de mis tíos y primos. Ese mismo día mi tío me dice, sobrina vamos conmigo en el carro, vamos a buscar los trabajadores para llevarlos a Siboney que es la playa en Santiago de Cuba donde se estaba fabricando la casa. Pero me lleva a un barrio terrible donde todos eran negros, mal vestidos. Cuando regresé, empecé llora y llora. Me preguntaba dónde habíamos llegado. Allí en Turquía no veíamos un negro. La única cosa que sabía de los negros era de los Mau Mau y todas esas cosas que uno veían en las películas.

A los pocos días empecé a conocer la Comunidad Judía en Santiago de Cuba los amigos de mi padre que habían venido con él, algunos ya casados aquí en Cuba, tenían hijos e hijas de mi edad empezaron a buscarme. Eso fue en el mes de abril, en el mes de junio se inauguró la casa de Siboney, nos fuimos como unos seis meses a pasarlo ahí, aún no teníamos casa. Estaba como una cosa pegada que no era lo mío, ni el país, ni el idioma.

Hablaba ladino, pero cuando hablaba se reían de mí y le hacía gracia. Yo me acomplejaba, pensaban que me estaban “bonchando” (burlándose de ella). En el tiempo de la playa ya me fui aclimatando, porque era la juventud, bailábamos, empecé a bailar baile cubano, me gustaba mucho el baile, íbamos a la piscina. Por la noche se reunía el grupo de mis padres y sus hijos. Los jóvenes en el club, los viejos en la casa y más o menos me fui aclimatando.

En el mes de julio, eran los carnavales. Me horroricé, nunca había visto una cosa así, pero eso fue el primer año, porque después me encantaron los carnavales, nunca dejé de disfrutarlos.

Era una comunidad judía muy bonita, muy unida. El templo estaba en la calle Corona donde mismo está ahora. Mi mamá que era una muy activa, enseguida empezó a hacer trabajos para la Comunidad; a hacer fiestas, a hacer borekas, a ganar dinero para tener fondos. Yo empecé a embullarme también a montar bailes turcos, al año siguiente que fue la elección de la Reina Ester, fui Dama de la Reina Ester. Monté espectáculos propios de Turquía y ya me fui acostumbrando.

Después en el ’57 vinieron unos jóvenes desde Israel y se formó el grupo de la Hashomer Hatzair, empecé a participar y ser activa. No eran tanto los judios que había pero había una unidad muy grande. Se celebraban todas las fiestas y mi mamá como cocinaba tan rico y las comidas eran muy típicas sefaraditas, hacía constantemente comida. En Seder de Pesaj cocinaba para treinta o cuarenta personas.

Todo fue marchando y adaptándome a la vida de Cuba. Era ya más cubana que nadie. Aunque siempre claro con la nostalgia de Turquía, mis primos y tíos se quedaron allí, pero al año vino un primo que mandamos a buscar, Mauricio Adato que hoy en día vive en Méjico, después vino mi tía y su otro hermano. Y ya tenía más de mis seres queridos del lado de acá, así mantuvimos esa actividades, ese colectivo que siempre fue el mismo grupo. Se nota que en Turquía el ambiente era muy diferente, se observaba más las leyes del kashrut. En Turquía yo no había conocido el puerco, no había puerco. Muy simpático por primera vez en Santiago de Cuba me llevaron a ver una puerca con su cría me parecieron ratoncitos.

Aquí había muchos que hacían del taanit en Iom Kippur pero después me enteraba que comían puerco, me decían vamos a comer un pan con puerco y yo me horrorizaba hasta que un día probé el cuerito y me encantó. Empezamos a comer el puerco cuando empezó la escasez y teníamos que comprar lo que aparecía, mi papá nunca lo probó.

Una familia muy bonita que tenía , mucho respeto hacia los padres, yo era un poco la nuera predilecta de todas las madres que tenían hijos casaderos porque era una chica que venía de Turquía, que observaba las costumbres judías. Sabía bordar, coser, sabía hacer comida sefaradí, tomatitos rellenos, era una joyita. Las muchachitas de Cuba eran muy pepillas y no como en Turquía.

Aquí en Cuba la Comunidad Judía de las mujeres se reunían muy a menudo, se reunían para jugar barajas, vendían meriendas para recoger fondos, en aquel entonces la presidenta era la señora Luna Castiell de Hergaz, murió joven. El presidente era Benito Exquenasis, teníamos un jajam que era el señor Farin, una persona entrada en años que había emigrado de Francia, tenía su acento francés, las personas mayores si eran más observantes, no era como la juventud donde se nota mas asimilación en la juventud. Se nota la diferencia de la Comunidad Judía en Turquía que la que había en Cuba, la adaptación no fue muy fácil.

En mi casa se mantenía el saquito de queso y el saquito de carne la bajilla de Pesaj separada de los demás días del año. Todo eso se mantenía en todas las familias judías de Santiago de Cuba porque la mayoría eran de familias venidas de Turquía.

La conducta donde más se veía era en los matrimonios mixtos, uno de los primeros era Regina Castiel que estaba casada con un no judío y como el padre de ella era tan observante les hicieron el Brit a los dos hijos. Novoa de apellido, Robertico y Andrecito que actualmente están en Israel.

Recuerdo que se reunían más de cien personas en aquel local de la Comunidad, se hacían las bodas y las fiestas. Después se tuvo que cerrar la sinagoga porque no teníamos como mantener aquello. En aquel entonces en la primera etapa después del ’59 fue Jacobo Behar que con ayuda de su papá hacíamos Pesaj en el momento que no teníamos nada, porque nos llegaban de la Habana los productos de Pesaj, básicamente , aceite, matzá y latas de carne.

Jacobo y su esposa eran personas muy activas y hacían gestiones con el gobierno y le vendían pollo vivo, aceite, huevo en época que no había nada de eso, se mantuvo muchos años y se pudo mantener muchos años gracias al trabajo de Jacobo Behar. Esto debe haber sido en la décadas del ’70, después de eso me apartó de la Comunidad porque casi ya no había comunidad, empiezo a estudiar, aunque antes estudié el secretariado y comienzo a trabajar después del ’59 en un departamento del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), empecé como voluntaria y después matriculo contabilidad en la Universidad por la noche y ahí es donde conozco quien fue mi esposo después.

Mi primo Adato me anima a trabajar. Él fue el primer delegado de la Industria Básica, después empecé a trabajar en ese ministerio que es donde conozco a Olstusky. Me incorporé a las milicias y a toda la vida de Cuba.

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No tan Joven pero…

Antes del triunfo de la Revolución ya mi tío había hecho los trámites para hacernos ciudadanos cubanos, porque nosotros vinimos para Cuba para quedarnos cinco años, no era definitivo, vinimos como turistas, ya para ese tiempo mi hermano sería un adulto y habría mejorado.

En el ’60 no nos quisimos ir ni mi hermano, ni yo, porque nos habíamos adaptado y nos habíamos incorporado a la Revolucion, ya pensábamos de una manera diferente. Un tío en California nos manda a buscar pero no quisimos, yo había pasado por un proceso de adaptación muy fuerte y no quería volver a pasar por ese proceso de nuevo, ese es el motivo por el cual fuimos de las pocas familias que se quedaron en Santiago de Cuba.

Se mantuvo en mi casa las costumbres aunque ya no teníamos sinagoga donde ir, recuerdo que le decía a mi mamá qué clase de Pesaj era esa que estábamos todos sentados mis padres y mi hermano como judíos, el resto que eran como veinte no lo eran. Eran los hijos de mi hermano y su esposa que no eran judíos y otras amistades, pero si se hacía la berajot y se cantaban las canciones, nosotros trajimos los libritos de Pesaj de Turquía.

Al final no nos hicimos ciudadanos cubanos y creo que mi hermano y yo somos los únicos ciudadanos turcos que quedamos en Cuba.

Pero ya cuando viene el proceso de la Revolucion se empiezan a ir, había pocos judíos y el temor de mis padres era que yo me fuera a encontrar con un cubano, eso hacía que me dieran viajes de tres y cuatro veces al año a la Habana. Paraba en casa de unas amistades que vivían en Miramar y me reunía con grupos en el Patronato.

Se empiezan a ir la gente y conozco a quien fue mi marido después. Fue un proceso muy difícil no era judío, mi padre pegó el grito en el cielo, llantos y lloros, ataques pero no había otra solución, en aquel momento no había otra solución. Hasta tuvo que venir un primo de mi mamá Alberto Castiel hermano del secretario del Sefaradi para hablar con mi papá.

Pero aunque me casé con un cubano se mantenían en mi casa la costumbre de Pesaj, mi marido asimiló todo eso. Empecé a trabajar, empecé a estudiar, la Comunidad de Santiago de Cuba comenzó a debilitase en Santiago de Cuba. Ahí era amiga de Reina Esquenazí, las primas, los Abuts, era una época donde la juventud pensaba en bailar fue una juventud muy bonita.

A los doce años ya yo empecé a preparar mi ajuar era una niña señorita que invitaban a todas las amigas de la madre y se cortaba la primera pieza de hilo para bordar y a partir de ese momento se empieza uno a preparar para cuando se va a casar y todavía una no tiene idea de lo que es el amo,r ni lo que es el novio. Yo traje algunas cosas bordadas de Turquía. Estaba enamorada de un muchacho de Santiago que los padres eran muy amigos de los míos y estábamos todo el tiempo juntos para bailar, para la playa y eso no me permitió casarme con un judío, el tenía una novia en la Habana y me dijo que no podía romper el noviazgo porque sus padres eran muy amigos de los suyos y esos no se podía romper.

Cuando él se casa y se va a los Estados Unidos, entonces es cuando yo decido enamorarme y casarme con uno no judío. Para mi papá fue una vergüenza muy grande, hoy me duele muchísimo porque en aquel momento uno no pensaba como ahora. Para mi papá era la deshonra de la familia porque nunca eso se había dado, pero al mismo tiempo el hijo de Raquel y Enrique Abut tiene una novia que no era judía. Reina Exquenasi también tenía novio que no era judío y esto hizo que mi papá se sintiera algo mejor pues no era sólo mi problema.

En el año ’85 nos mudamos para la Habana aquí también trabajé en el Comité Estatal de Estadísticas, tuve tres hijos y me divorcié cuando el mayor mió tenía catorce años. Porque es cierto que mantener un matrimonio cuando uno tiene una cultura distinta y una religión diferente a la otra no es lo mismo y también por otros motivos me tuve que divorciar.

Mis hijos vivieron en un hogar judío, vivíamos con mis padres. Mantengo las relaciones con la embajada Turca. Todos los años veníamos de Santiago para participar en la recepción de la Fiesta Nacional. En el año ’90 viajé a Israel y mi mamá trae a su mamá, a los tres meses muere, después mi mamá y mi papá. Todos están enterrados en el cementerio de Guanabacoa. Después que mueren mis padres en el ‘94 mi papá y en el '96 muere mi mamá. Pude viajar a Turquía en el ’97 y a Israel. Fue muy lindo porque eso era como un sueño que siempre tuve después de cuarenta años.

Tuve ese sueño a cada rato soñaba que iba a Turquía y trataba de buscar mi casa pero me perdía, no la encontraba, porque no sabía donde estaba, quería hablar el Turco y no me recordaba. Eso fue un sueño de muchos años que como emigrante lo tuve. Después que estuve en Turquía, fue a la escuela primaria, a la escuela francesa, Zimbul Behar es mi amiga de la infancia y fuimos a todos esos lugares.

Fui a Israel y visité a toda mi familia, tengo nueve primos en Israel que no conocía, fue muy lindo, para un judío ir al Jerusalén, pararse en el Muro es tan… no se puede explicar todavía me dan ganas de llorar, es muy emocionante.

Cuando fui a Turquía vi que la nueva generación de judíos hablan un turco perfecto no hablan ladino , los nombres son judíos, buscan una similitud con nombres turcos. .Fuimos a un restaurante y nos decían: "No hablen ladino, habla en turco por favor"- le decían a la tía. También hacen un rechazo al ladino porque consideran que si fueron expulsados de España, por qué guardar esa lengua materna que no es elhebreo.

Me encontré con mucha música ladina, cuentos. Ahora se está escribiendo porque se esta perdiendo todo para que quede para generaciones futuras. Eso fue volver a la raíz de uno.

En el año ’92 me jubilé en ese tiempo asistía al Sefaradi sólo al meldado de mi familia, pero ya después empecé a ir al Sefaradi regularmente, ahora prácticamente voy todos los sábados. Las mujeres hacemos el minyan, nos ponemos el talit, nos llaman a la lectura de la Torá y yo me siento mal cuando dejo de ir una semanal, más cuando sé que puedo ser yo la décima persona para hacer el minyan.

Me siento muy bien, una conversa, como soy la única que ha venido hace poco de Turquía que tiene hábitos y costumbres les prestó literatura, les enseño a hacer algunas comidas turcas y me siento muy bien. Tengo cosas que había dejado de hacer como encender la velas de Shabbat, Januca. Trato que mi nieto vea lo que hay que hacer en un hogar judío no sólo que le digan pero que vea lo que hay que hacer. Porque lo que ve uno en casa de los padres, lo que ve en casa de los abuelos, es lo que queda para el futuro. Los viernes empieza a decirme: “¿Abuela no vas a encender velas?”. Eso me alegra mucho, es una pena que mis otros nietos no lo hagan porque sus madres no son judías y no lo ven.

Quiera Dios que pueda ver a mi nieto hacer su Bar Mitzvá, que no pudo ver mi padre y las cosas que uno ve a medida que uno se va poniendo viejo se pone más sentimental. No quisiera que los seres queridos se vayan alejando de lo que es la religión, nuestras costumbres, nuestras experiencias. Eso ayuda mucho para que sepan de dónde somos de donde vinimos.

A mis nietos les hablo mucho de la vida en Turquía de cómo me crié, mi nieto cuando viene los Lubabich participa en los campamentos de verano, en la comunidad Baruh Hashem tenemos un Seder. El segundo día también trato de hacer el segundo Seder con mi familia porque nosotros estamos aquí, lo que vi en mi hogar trato de hacerlo en el mio. Este hábito es importante porque estamos hoy aquí y mañana no sabemos, es bueno porque los judíos existimos como raza como pueblo con todo eso que hemos aprendido de nuestros padres y hemos podido mantener nuestros hábitos, nuestras costumbres nuestra cultura y nuestra religión estemos donde estemos. Eso nos ha permitido mantenernos como pueblo y nos mantendremos toda la vida. Así que tratemos de enseñarles a nuestros hijos y a nuestros nietos lo que es el judaísmo en sí y no sólo ser judío por serlo, sino sentirlo.

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