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Alberto Mechulam Cohén

Fecha de la entrevista: 21-3-2005
Nombre : Alberto
Apellidos : Mechulam Cohén
Fecha de nacimiento : 13-3-1936
Lugar de nacimiento: La Habana



.............Entrevista................

Entrevista: Lourdes Albo y Stanley Falkenstein
Cámara y fotos: Tatiana Santos y Alan Siegelbaum
Trascripción: Lourdes Albo y Amanda Adato

Mis Orígenes

Mi nombre es Alberto Mechulám Cohén. Mi padre, José Mechulám Levi, vino de Turquía. Mi madre, Fanny Cohén Behar, también vino de Turquía. Pero cada uno vino por separado, se conocieron después. Mi padre trabajaba en Turquía en una fábrica de caviar y mi madre vivía con sus padres, mis abuelos. Tenían una situación económica buena pero como hubo una guerra en Turquía, ellos decidieron para no ir al Servicio Militar Obligatorio venir a América.

Vinieron a Cuba, aunque muchos judíos vinieron a Cuba para después ir a otro lugar o a los Estados Unidos, muchos como mi padre se quedaron, otros siguieron su camino a Argentina o Venezuela.

Mi madre conoció a mi padre unos años después de estar aquí, ellos vinieron, mi madre en el 1924 con sus padres y mi papá en el 1923. Mis abuelos paternos no vinieron porque mi padre no tenía dinero para traerlos.

Se casaron en el 1933 y de esa unión nacieron dos hijos, mi hermana Susana que tiene setenta y dos años que está en los Estados Unidos y yo que tengo setenta años.

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Mi Niñez

Yo nací aquí, en la Habana. Me crié en la calle Jesús María, en la Habana Vieja. Años después nos fuimos a Luyanó. De Luyanó en el año ’40, nos fuimos para Güines. En realidad mi niñez fue muy pobre, pero pude estudiar el bachillerato Güines.

En mi niñez siempre estuve muy ligado a las costumbres judías. Los sábados, cuando vivíamos en Luyanó, íbamos a casa de mis abuelos y comíamos allá. Cuando había fiestas, también íbamos y los sábados íbamos a la sinagoga de la calle Inquisidor, ahí se llenaba, era una sinagoga ortodoxa. Antes, todas las sinagogas eran ortodoxas, se hacían grandes actividades.

Las fiestas de Pesaj las pasábamos con mis abuelos. Yo siempre digo que todas las fiestas son importantes, pero Pesaj, para mi, es la más importante. Me acuerdo cuando hacíamos Pesaj en casa de mi abuelo, que nos reuníamos como veinte familias. Mi abuelo siempre dejaba la puerta abierta y era raro que el hijo de madame Venturina no fuera, la madre se murió y él se apartó algo del judaísmo, pero él no faltaba a Pesaj. Siempre decía que recordaba a su madre. Otras amistades venían, era mucha la alegría. Esos tiempos es difícil que vuelvan. En la memoria si, pero en la realidad no.

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Mi Juventud

Unos años antes de terminar el bachillerato, como en Güines había muchas familias judías, como estaban los Weiss, los Barrocas, los Elnecaves, los Francos, los Pintos, los Scheveds, los Guts, los Gurinskys, los Liebermans y había una familia que aunque se cambió el nombre, Alejandro Rosish, y él se llamaba Gabriel Cohen, siempre en Pesaj él iba a casa de los Barrocas a celebrar Pesaj. Siempre nosotros lo recordábamos. Como él se casó con una mujer que no era judía, parece que se sintió aislado, él era un individuo muy importante en relación de ayudar y dar donaciones a la colectividad.

Una cosa antes de continuar… yo me hice médico y una vez estando en el hospital un residente llegó ahí y cuando veo tenía el apellido Rosish. Y... él me dice: "Yo soy descendiente de judío". Yo le digo: "Yo lo sé". Cuando le dije que el abuelo se llamaba Gabriel Cohén, me dice: "No, mi abuelo se llamaba Alejandro Rosish". Me dijo: "Mañana te contesto". Porque la madre lo llamaba esa noche. Efectivamente el abuelo era Gabriel, pero a los nietos no les trasmitieron las raíces. Entonces él me dice: "Yo quisiera conocer más". Entonces le regalé una kipá y le dije: "Por lo menos ponte la kipá media hora o una hora los sábados, si es que tú quieres sentir las raíces . Él se fue después para los Estados Unidos….

Bueno, en Güines nosotros hicimos una sociedad. Marcos Barrocas, él pintaba muy bien y diseñó un monograma para la revistica mensual que publicábamos, ahí hacíamos artículos o copiábamos artículos de alguna revista de judaísmo. La repartíamos entre las quince o dieciseis familias que teníamos. Los Liberman, nos apoyaron en todo porque se sentían que alguien se preocupaba, que el judaísmo tenía unión. Nosotros los visitamos, leíamos noticias sobre Israel y el mundo judío y aprendíamos sobre la historia Judía también.

Cuando terminé el bachillerato vine para la Habana; comencé en la Universidad de la Habana medicina. Me encontré con el señor Isidoro Abravanel Varón, que en realidad le debo mi carrera a él. Me ayudó mucho porque fui a trabajar en la fábrica de él en la Habana y él no me exigía, me decía que fuera cuando pudiera porque yo tenía que ir a las clases prácticas. Todas las semanas me daba un dinero que con eso yo podía comprar libros, podía pagar mis clases. Estuve muchos años ahí trabajando hasta que a él se le intervino la fábrica en Cuba y le dio un infarto y se murió. Yo seguí trabajando allí, pero ya no era igual, aunque me mantenían consideración pero tenía otro tipo de responsabilidad, ahí tenía que decidir el continuar mis estudios.

Así que empecé a trabajar en los policlínicos, casa de Socorro de Mantilla, de los Pinos hacia guardia en Maternidad de Línea. Como cogí bastante experiencia en diferentes hospitales me llamaban de distintos hospitales de alumno-ayudante, ahí me iba ganando dinero, prácticamente todas las noches trabajaba en distintas clínicas particulares de la Habana.

Durante todo este tiempo yo empecé a pertenecer a la Hanoar Hatzinoi, era un movimiento halutziamo (pioneros) que había en Cuba, de una tendencia ancestral, que prepara a jóvenes para trabajar en Israel, no era como la Hashomer Hatzair, que es una tendencia izquierdista, pero nos llevábamos bien, hacíamos majanot. Yo llegué a ocupar todos los cargos importantes.

Después empecé con la Macabi, trabajé con Isaac Salinas. Fui el último presidente de la Macabique tuvo hasta que se disolvió, porque se fue todo el mundo. Hacíamos fiestas frente al Capitolio, estaba la Chevet Ahim. Nuestras actividades eran muy buenas y cuando venían los jóvenes del Patronato a visitarnos estaban asombrados como teníamos tanta alegría, porque teníamos un equipo que yo era el responsable, éramos seis muchachos que sacábamos a bailar a todas las muchachas. Ahí todo el mundo bailaba, no importa si era bonita o fea. Nadie dejaba de bailar, imagínate, cuando llegaba la gente del Patronato que eran más finas, se asombraban.


Estando en el Patronato, en la Macabi me fijé en esta jovencita que está, que era recién llegada de Cienfuegos (Rebeca, su esposa) parecía una botellita de Coca Cola (forma cubana de decir que una mujer tiene buena figura). Se me salieron los ojos, y yo dije: "Un momento, que yo soy el presidente y como presidente, tengo que conocerla primero". Jugando, jugando, llevamos cuarenta y dos años de casados.

Cuando se terminó todo, yo me le acerqué y le pregunté de dónde era, ahí empecé a “descargar” (enamorar) y a los tres meses ya estábamos comprometidos debajo de la jupa. Nos casamos un 16 de junio de 1963, tres meses antes empecé a visitarla. Siempre que la visitaba nos íbamos para el comedor a jugar lotería y monopolio, ahí estábamos solos. Ella quería que hablara con el padre y yo le dije que venía a esa casa no a jugar parchí o monopolio, sino porque tenía interés en su hija. Enseguida él me dijo: " Usted es un buen muchacho". En realidad yo era pobre y ella tenía una situación desahogada, aunque yo era sefaradí y ella ashkenasita, pero bueno... nunca tuvimos problemas. Pero mira que contradicción, ella era rica y bonita y yo era pobre y feo (risas).

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No tan Joven pero…

Cuando yo terminé mi carrera que hice mi internado, me mandaron para Nicaro. En Nicaro había una familia judía, Roberto Namer. Enseguida cuando oyó el apellido Mechulám vino un día a la casa y todos lo viernes nosotros íbamos a comer. Leíamos y él sabía mucho hebreo, durante casi tres años que estuvimos allá. Él se fue para los Estados Unidos pero tiene algunos nietos en la colectividad. Todavía conservo algunas cartas de él.

Después regresé a la Habana y terminé mi residencia, prácticamente cuando asistía a la sinagoga en aquel entonces, prácticamente la actividad judía era muy pobre. Entonces fui a Manzanillo porque me mandaron a trabajar allá. Había como quince familias, todos eran Motolas. Los organicé a todos, hacíamos comentarios sobre Israel y otras cosas.

Cuando yo terminé mi trabajo en Manzanillo, a pocos años de estar en la Habana por el 1984, vino el Sheliaj del Rabino Luvabitch Appel de San Pablo, porque le habían hablado de mí, para ver si yo quería organizar un colegio hebreo aquí. Le dije que era difícil, pero que íbamos a tratar.

Yo le hablé que aquí en Cuba antes de 1960 hubo cuatro escuelas judías, que prácticamente desaparecieron. Por más de veinte años no había educación judía. Contactamos con Moisés Asís, que es un intelectual judío y él, con su conocimiento de judaísmo y yo, con mi entusiasmo e interés, organizamos el colegio judío. El transporte no era muy fácil, así que se alquiló una máquina para recoger a los muchachos que vivían lejos. Nos reuníamos los domingos en el Patronato.

Nosotros fuimos casa por casa, no fue fácil. La gente tenía miedo mandar a la sinagoga, eran épocas difíciles, aunque nosotros le hablamos que sólo íbamos a hablar de nuestras raíces. Al principio no tuvimos mucha aceptación. Muchos de los que nos tiraron la puerta después fueron al colegio. Se había, prácticamente, perdido una generación. Llegamos a tener veinte y un niños.

Yo siempre cuento una anécdota, que cuando yo llevaba a los niños y cuando subían la escalinata de la sinagoga del Patronato, me preguntaban: "¿Esto es una iglesia hebrea?" En las casas no había la continuación de la tradición. Le cambiábamos los nombres por nombres judíos, le decíamos que encendieran las velitas los viernes, le enseñamos lo que era una sinagoga a todo el mundo le pusimos kipá.

El Patronato nos prestó el local, nos ayudaban con las posibilidades que tenían, pero teníamos que poner todo lo demás. No fue hasta 1994 que comenzó el Joint a ayudarnos. La cosa cambió, se nos facilitó dos instructores que estaban aquí en Cuba para ayudar a preparar a los profesores y las actividades del colegio. Facilitó dos ómnibus y la merienda que se le daba a los niños, material escolar y las cosas que hacían falta. Ya no era tan difícil. Al colegio le pusimos el nombre "Tikum Olam", que quiere decir, “por un mundo mejor”. En los veinte años que lleva el colegio fundado, en los últimos cuatro años una tercera parte han pasado por el colegio de los que se han ido para Israel.

Tenemos quince profesores, el Joint nos sigue ayudando y en la Casa de la Comunidad Hebrea nos brindan facilidades para que podamos tener nuestras actividades. Se enseña hebreo, baile, canciones. En un comienzo, nosotros con la señora Xiomara Rozenczwaig, se hicieron clases de Idish, pero solo duró dos años.

Lo importante es que los nietos trajeron a sus abuelos al colegio, así que eso es un ejemplo para otras colectividades del mundo, porque hay colectividades en el mundo que no tratan de reunirse y volver a estimular eso que tenemos nosotros, que por dentro lo tenemos y que nos sale al exterior.

Mi padre tenía ideas izquierdistas, pero era un judío muy convencido. Mis abuelos eran muy religiosos, así que me formé viendo el ejemplo de ellos, viendo ese judaísmo. Y no he hecho nada más desde que tengo uso de razón de tratar de llevar la gente que busquen sus raíces. Nuestro pueblo es un pueblo digno.

Ser judío es muy importante, es pertenecer a un pueblo que Dios le dio el pensamiento, un Dios único, que le dio al mundo los Diez Mandamientos. Es un pueblo que ha dado hombres tan grandes, desde Cervantes que tenia origen judío; Cristóbal Colón, que tenía origen judío, los premios Nobels, de origen judío, en comparación con otras personas. Un pueblo que la premisa fundamental es la tsedaka, donde quiera que vayamos nos identificamos como judíos. Siempre vamos a encontrar una puerta abierta y un brazo cariñoso que nos va a ayudar.

Porque lo importante es como decía Golda Meir: “No es ser judío, sino transmitir”, y nosotros hemos trasmitido ese pensamiento a nuestros hijos y ojalá que nuestros nietos también sean participes de ese pensamiento judío.

Yo siempre digo en la escuela dominical Tikum Olam, no somos muchos pero existimos.

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